domingo, 27 de abril de 2014

Existes

A veces me da por pensar que no existes. El tiempo que llevo delante de una pantalla, riendo, llorando, aprendiendo y compartiendo toda mi vida contigo… no parece real. Y a veces, esa pantalla que tengo delante se hace un muro enorme e imposible de superar. Pareces como un logro inalcanzable en el tiempo, lejano, irreal, imposible…

Pero a veces, también pienso que los sentimientos que tengo en el rojo no pueden ser mentira. Hemos vivido demasiado como para saber cuánto duele la distancia, y como de complicado es no poder tener un abrazo en el momento en el que lo necesitamos. Hemos pasado por demasiado como para no saber qué es real y que no. Por eso sé, que ese muro infranqueable no es real, y que por mucho que me embargue la nostalgia de algo que aún no ha sido, sé que tú eres real.

Si no fueras real, mi vida como posibilidad estaría cuestionada, tú estarías cuestionada, yo estaría cuestionada, esto que hemos construido estaría cuestionado… Y a nosotras no nos gusta que nos cuestionen, ¿no es así? Tú con tu katana y yo con mis puños.


Gracias por ser una de las posibilidades más bonitas que voy a tener. Gracias por ser real.

domingo, 23 de marzo de 2014

Pánico

Abro la boca. La abro tanto que incluso me crujen las mandíbulas. Ordeno a los pulmones que cojan aire, ahora, necesito aire, lo necesito ahora. Pero mis vías respiratorias me ignoran. Se colapsan, se estrechan, se aprietan, y de repente dejo de encontrarme. La boca se cierra y frunzo los labios, y lo único que consigo articular es un grito ahogado. Las manos se me agitan y tiemblan. En algún lugar se ha roto una presa y el sudor frío me inunda, empapa mi cuerpo. Quiero gritar. 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Heroína

“Vamos hacernos un rulo”, yo en aquel entonces lo conocía como “hacerse un chino” y se volvió muy famoso en según qué partes de la ciudad, más en rincones y en baños de bares de mala muerte que en otros sitios. Pero ese era mi sitio por aquel entonces, rincones baratos y bares de gente perdida. Y fue ahí, en un baño con olor a desagüe atascado y cerveza, dónde fue mi primera vez. Fue una inocente dosis de heroína, llena de infinitos mundos por descubrir, y un millón de sensaciones nuevas para recorrer. Y vaya sí las recorrí.

No recuerdo la mañana siguiente, lo único que sentía era dolor, un profundo dolor que me recorría las venas y que parecía que quería sacar a relucir todos los recuerdos de los que estaba huyendo. Tanto que acabé por vomitarlos una y otra vez, mientras un escalofrío me recorría el cuerpo de los pies a la cabeza.

Los siguientes días fueron lentos y sumidos en un sinsentido pasar de las horas, sin ningún  orden aparente. Y en mi cabeza sólo quedaban resquicios de una noche en la que, por fin, había podido huir de la realidad. Y la llave para huir no era ahogarse un vaso de tubo todas las noches todos los fines de semana, si no ahogarse inhalando heroína rodeada de desconocidos en un baño de cuatro metros cuadrados.

Y así empezó todo. Respirando.

Todo lo que pasó después de esa primera vez es algo que no soy capaz de explicar. Supongo, que cómo tantas personas antes que yo, decidí que drogarme era mucho más fácil que afrontar la realidad. Aunque, en mi defensa, diré que la realidad por aquella época, era de todo menos bonita y fácil. No he venido a quejarme ni a buscar compasión, siempre he dicho que mi lugar en el mundo me parece más interesante que el de cualquier otra persona. Solamente necesito contar este secreto que lleva tantos años rodando por mi mente.

Después llegaron las noches interminables, las jeringuillas y las personas tiradas por el suelo. El ruido de las ambulancias, las redadas, el dolor de tener que tirarlo todo por el váter, el “hoy lo dejo” y el “mañana mejor”, el mono, el terrible y doloroso síndrome de abstinencia de mis ovarios… Todo esto llegó. Pero yo siempre llevé la cabeza muy alta, y la dependencia muy escondida. Sólo la compartía con personas que estaban igual de pérdidas que yo, y que por alguna extraña razón del destino, entendían el porqué de todas las cosas que me comían por dentro. Y no me juzgaban, simplemente estaban ahí.

Un día, alguien murió, murió por demasiadas dosis en una noche demasiado corta. Ni siquiera nos dio tiempo a llegar al límite, al éxtasis de cada noche… Y murió, y esa misma mierda que nos hacía tan felices por la noche, esa misma mierda nos la arrebató y la mató. Para siempre. Y nunca más pudimos recordar en que instante decidimos dejarle seguir inyectándose ese veneno sabiendo que la estaba matando. Y la culpa, y las horas, los días… todo pasaba y no éramos conscientes ni del aire que nos rozaba las mejillas.

Pasé dos semanas debajo de los edredones de mi cama, cómo si ellos fueran a protegerme de la verdadera realidad de ahí fuera. Y cuándo salí, la luz me cegaba los ojos y un dolor de cabeza me inundaba y empecé a vomitar, como si mi cuerpo quisiera expulsar todo los pensamientos, culpas, tensiones y dolores que había sufrido durante todo ese tiempo. Volví a nacer. Y me prometí a mí misma que nunca volvería a hacerme tanto daño como lo había hecho durante todos aquellos meses.

¿Superarlo? Nunca lo he superado. Siempre me persigue. Cada vez que salgo, o me da por visitar aquellos rincones baratos, por saber de aquellas personas tan perdidas, por ver una jeringuilla en el suelo y pensar en esa persona como si esa noche fuera a ser su última noche… Todos estos pensamientos siempre aparecen. Y ella, la heroína de mi adolescencia, también aparece muchas veces, queriendo arrastrarme con ella.

Creo que nunca había hablado abiertamente de esta experiencia, el motivo es bien simple, nadie llegará a entender el porqué de muchas cosas. Y yo tampoco quiero que nadie venga a compadecerse del dolor que tuvo que suponer todo esto. No, no busco eso. No necesito las palabras de aliento de nadie.


Lo único que necesitaba era hacerme una confesión a mí misma, porque jamás, nunca, me he arrepentido de mis decisiones, ni de quién soy. Y a veces necesito recordar porque no quiero volver a todo aquello.

sábado, 25 de enero de 2014

Te han robado

A lo largo de mi vida me he encontrado con mucha gente, gente que ha dejado huella en mí. A algunos les va bien. Algunos nacieron para escuchar pasar el tiempo. Algunas tienen ojos para el arte. Algunas son compositoras. Algunas han cruzado océanos para reencontrarse. Algunos saben de las horas que no pasan. Algunos se han casado con algunas. Y a ella la conocí bailando, bailando sobre la vida y escuchando el viento.

“Pensaba que iba a ser alguien para cuando tuviese 25” nunca sabré exactamente quién quería ser, pero para mí si lo fue. Ella era como un puzle con piezas de un cuadro de Ámsterdam, de la foto de unos perros y de los oasis del desierto; y no sé cómo, pero encajaban todas ellas. No alguien famosa, ni conocida, ni siquiera escuchada, pero era ella, y ser ella era algo más importante que ser cualquier otra persona, y por eso la quiero.

El otro día cerré la puerta y atravesando el vidrio de las ventanas, dejé parte de mi corazón con ella. Aumentaba el estrépito y desdibujándose, se despedían mis ojos de lo que fue el cariño. La vida se mueve y tú, te pierdes de vista con algo de mi amor. Y los caminos frenéticos ya me alejan de ti, y es su cadencia el ritmo de mi dolor. 

domingo, 19 de enero de 2014



No sé hacia dónde estoy mirando, tal vez adivinarlo sea imposible. Sólo sé a donde no quiero volver a mirar.

jueves, 9 de enero de 2014

"Sin ti no soy nada" y otras formas de agresión

“Sin ti no soy nada” canturreaba yo hace unos meses, pensando en mi pareja. Otras muchísimas canciones sabían definir a la perfección eso que sentía por ella, y yo las cantaba todas. A ella, que me hacía feliz y no necesitaba nada más, porque ella  me completaba, porque yo sin ella no podía ser nada... Bendita inocencia.

Todo esto mientras defendía a capa y espada que las relaciones amparadas bajo el patriarcado reproducían roles opresores y perpetuaban conductas de dominación. Yo, que grito la primera en las manifestaciones contra la violencia de género, y me giro a responder al payaso que me ataca verbalmente por la calle. Incluso, le tiré un bote de limpiacristales a un tío que no hacía más que soltar palabrería machista por la boca.

Sí, yo, voy a confesarme, porque como seguramente habréis intuido, he pecado.

No sé qué ha sido más duro, la propia trayectoria de la relación o darme cuenta del tipo de relación que había contribuido a crear. Han pasado tres años desde que decidí ponerme las gafas violetas y aprender a ver el mundo de manera diferente. Y una de las cosas que nunca se me ha pasado por la cabeza es que dos mujeres, adultas, de militancia y convicciones feministas, pudieran reproducir el sistema patriarcal en una relación.

No sé de qué boca salió aquello de que las lesbianas no reproducen el sistema patriarcal en su forma de relacionarse. Al fin y al cabo, no crecimos en una estación espacial a millones de años luz, crecimos aquí, en la tierra, y hemos vivido siempre dentro de un sistema que sólo nos ha enseñado una manera de entender las relaciones. El modelo de amor romántico heterosexual y normativo también lo llevamos dentro.

Vivimos en el mismo mundo que las mujeres heterosexuales, recibimos los mismos mensajes, recibimos la misma educación y mamamos la misma cultura, ¿cómo íbamos a quedar exentas de la presión que implica el amor romántico? ¿Cómo no íbamos a reproducir las relaciones de poder heterosexuales si son el único modelo que nos han enseñado? Esta búsqueda de una persona que nos complemente nos coloca en una situación que, si, fomenta la violencia.

Celos, dependencia, exclusividad, poder, dolor, dominación… violencia. Como feministas, nos cuesta mucho aceptar que vivimos en una sociedad que reproduce este tipo de conductas, porque nos parecen impensables. Pero más cuesta, y más duele, aceptarlas en una misma. Aceptar que las has reproducido y has dejado que las reproduzcan sobre ti. Pues eso es exactamente lo que me ha pasado a mí. Y ya no es el dolor o la contradicción de valores que hierve en tu interior, es ver como toda la mierda con la que llevas años luchando te estalla en la cara.

Yo nunca fui consciente de la relación que estábamos construyendo, fui incapaz de percibir todas las señales obvias de que estábamos viviendo una situación de violencia, y las dos perpetuábamos esa violencia. En año y medio hemos sido incapaces de reconocer la espiral de autodestrucción que estábamos creando.

No ha sido hasta hace unos días que he repensado este tiempo y me he dado cuenta de lo que había pasado. Empezaron a venirme muchas imágenes a la cabeza, situaciones de violencia pura y dura. Recuerdo una con muchísimo dolor.

Ella vivía en Barcelona, yo en Donosti, pero yo me esforzaba mucho, tanto que escondía mis emociones, simplemente porque en ese momento llegué a creerme que mis emociones eran menos importantes que las de mi pareja. Después de casi un mes sin vernos, ella volvía a Donosti, y teníamos toda la casa para nosotras solas, para reencontrarnos, para ser felices juntas, de eso se trataba. Yo le puse empeño, porque por estar tres días con ella era capaz de cualquier cosa. Ella vino, me dio un beso y un abrazo, un abrazo especialmente largo y me lo dijo. Me dijo que se había acostado con otras.

En ese momento, quería respirar e intenté articular unas palabras que sonaron a una especie de vete de aquí, seguido de unas lágrimas tan grandes que no me cabían en la cara. Ella me rodeó y empezó a decirme que me quería, que lo había hecho porque se sentía sola, qué no lo pensó… palabras que se me perdían en los oídos. Intenté apartarla, pero me abrazaba con demasiada fuerza, le dije suéltame, y no me soltó. Y fue cuando yo le aparté de un empujón contra la pared, ella empezó a llorar, farfullando lo mal que me lo estás haciendo pasar y lo único que podía sentir yo era un inmenso sentimiento de culpabilidad. Le abracé y en ese mismo instante le perdoné sin necesidad de articular palabra.

Aún se me corta la respiración cuando lo pienso.

No hemos conseguido establecer modelos de pareja que no estén atravesados por dicotomías como activo/pasivo. En esas dicotomías nos movemos también las lesbianas y esos roles determinan nuestros modelos relacionales. En esos roles está implícito también el poder que ejerce quien maltrata. Maltrata quien asume el rol del ejercicio del poder.

Mi pareja asumió ese rol conmigo. Yo me mantuve en una posición pasiva. No me atrevo a decir que sufrí violencia (y que no me atreva a no implica que no la sufriera), pero lo que es cierto es que he vivido situaciones que ahora identifico como agresiones. La figura del maltratador propia de la violencia de género que tenía dibujada en mi cabeza me impidió ver que hay muchas otras formas de ejercer el poder. Y, al fin y al cabo, la violencia es eso.

Y ahora, después de todo esto, el patriarcado me pesa como si fuera solamente mío, y la culpa, bendito sistema que hace que las mujeres nos sintamos culpables por todo lo que no hemos podido ser, no he sido la feminista perfecta como mi madre nunca ha sido la madre que le hubiera gustado y la vecina no ha sido la novia perfecta. Si el feminismo nos ha jodido la vida, no os quiero ni contar lo mucho que nos ha jodido la culpa. Esa culpa que llevamos todas por haber fracasado ante nosotras mismas, ante nuestros principios, por no haber sabido gestionar todas las contradicciones que nos han interiorizado desde pequeñas.

Y la sociedad, por descontado, se encarga de que creamos que hay experiencias que no podemos superar, que a todas nos llegan en algún momento. Porque ese mensaje, destructor pero sutil, de “si lo has superado es que no debiste sufrir mucho” o "quien bien te quiere te hará sufrir" nos ha calado como la humedad y el frío del invierno en los huesos. Y así es como se dedican a controlar nuestros cuerpos.


Y desde aquí, desde una feminista de 22 años en reconstrucción, grito qué yo no soy mártir de nadie. Y contra el sistema patriarcal que me dice que sin ella no soy nada yo le digo que CONMIGO LO SOY TODO.

jueves, 2 de enero de 2014

Los 10 bulos de Benigno Blanco sobre el aborto

Benigno Blanco es el  Presidente del Foro de la Familia y escribió un artículo hace poco en el que hablaba de 10 supuestos mitos y falacias sobre el aborto. Ya no sé si es por enfado, cansancio o necesidad de defenderme como mujer, pero me veo en una necesidad enorme de tirar por los suelos esas diez mentiras. (Por favor, leed el artículo mencionado para entender esta respuesta).

     1.    No se trata del derecho de la mujer a decidir.

Falso, de hecho, es de lo único de lo que se trata, y este argumento invalida, por ende, todos los demás. Un feto podrá ser un ser humano en potencia, pero eso no lo convierte en uno. Una mujer SI es un ser humano, un sujeto de derechos y libertades, con el derecho de ejercer su autonomía. Anteponer los derechos de una “supuesta vida” sobre un ser humano es violar íntegramente el primer artículo de La Declaración Universal de Derechos Humanos: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. En el que ser humano se contempla como una vida que ya ha nacido.

    2.    No hay dudas razonables sobre cuando se origina la vida humana.

Cito textualmente del artículo: La vida individual -y no sólo en la especia humana- se origina con la concepción al formarse el patrimonio genético del individuo. Seguimos prácticamente con el mismo argumento, y vuelvo a repetirme, ¿un feto es un ser humano? No dudamos de que es un ser vivo, pero no es un ser humano, no lo podemos ni ver ni tocar y mucho menos, como tal, no es algo que tenga más derecho que su madre a existir de la manera más libre posible.

     3.    Si se ilegaliza el aborto no habrá abortos clandestinos.

Falso. Uno de los informes del año 2012 de la Organización Mundial de la Salud indica que el 50% de los abortos en el mundo son ilegales. La incidencia de los abortos clandestinos a nivel mundial no ha bajado y se registran hasta en un 98% en los países en desarrollo.

En esta misma línea tampoco es cierto que cuando algo se ilegaliza disminuye su práctica, al contrario, y menos si estamos hablando de un derecho. Cuando privamos a las mujeres de su derecho a una atención sanitaria, los abortos clandestinos se disparan. No hay más que darse una vuelta por África y las millones de muertes de mujeres muertas por practicarse abortos, viendo en las precarias condiciones en las que van a criar a sus hijxs (ese es otro debate).

Lo podemos ver, para que resulte más fácil con las drogas, por ejemplo, que no hace falta decir que por muy ilegalizadas que estén, el consumo sigue aumentando.

     4.    La ONU no reconoce el derecho al aborto.

La ONU, como institución no ha declarado el derecho al aborto como algo universal, pero tampoco se ha declarado en contra. De hecho, una de las declaraciones de la ONU mediante la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, celebrada en El Cairo en 1994, reconoce que la habilitación y la autonomía de la mujer, así como el mejoramiento de su condición política, social, económica y de salud son fines sumamente importantes en sí mismos. En esta conferencia también se insta a los gobiernos a evaluar y revisar las leyes políticas sobre el aborto para que estas tengan en cuenta los compromisos asumidos en relación con la salud y el bienestar de las mujeres de conformidad con sus derechos, en lugar de recurrir a códigos penales y medidas punitivas.

     5.    La lucha por el aborto no está normalizada en el mundo.

Durante el siglo XX la legalización ha liberalizado la interrupción de embarazos no deseados en diversas situaciones médicas, sociales o particulares. Los abortos por voluntad expresa de la madre fueron legalizados primero en Rusia (1920); posteriormente se permitieron en Japón y en algunos países de Europa del este después de la segunda guerra mundial. A fines de la década de 1960 la despenalización del aborto se extendió a muchos países. El movimiento de despenalización ha seguido creciendo en todo el mundo y ha sido defendido en las conferencias mundiales sobre la mujer (especialmente en la de Pekín en el año 1995). Aunque todavía hay países, que sobre todo por cuestiones religiosas, se ven presionados a mantener legalizaciones restrictivas y condenatorias.

     6.    El aborto hace peligrar la supervivencia de las sociedades.

Este argumento es, en el mejor de los casos, un análisis simplista. Los pro-vida siempre se apoyan en él para señalar los resultados catastróficos del aborto.
Primero, el crecimiento poblacional como soporte del crecimiento económico es un modelo insostenible. Saber administrar recursos limitados es uno de los principios básicos de la economía. La productividad promedio de un individuo de una sociedad a otra, y de una generación a otra es de gran variabilidad. El Reino Unido, con 62 millones de habitantes, posee un PIB similar al de Brasil, con casi 200 millones de habitantes, por ejemplo.

Desde el año 2000 la población  mundial ha crecido en 1,000 millones de habitantes. Su distribución es otro tema pero incluso en países como Francia y España, dónde la tasa de crecimiento se acercó a cero, la población nunca dejó de crecer. Las tasas de estos países han ido en aumento y ya se acercan al uno por ciento.

En este argumento no se incluyen los movimientos migratorios, la inmigración compensa porque la gente va allí dónde hay trabajo.

Además, el análisis de los efectos del envejecimiento poblacional no puede entenderse a fondo sin tener en cuenta todo el movimiento social que le acompaña, el período de estudios prolongado, la entrada tardía en la vida productiva, el aumento en la esperanza de vida. Estos movimientos también son más marcados en los países en que se ha legalizado el aborto.

El problema no es reproductivo, sino de la incapacidad de dar una respuesta a los retos de la sociedad.

     7.    El aborto no es una conquista feminista, y tenemos que renunciar a ella.

“El aborto es una solución machista a un problema de todos.” Me hace gracia que la Iglesia hable de machismo. Con pedazitos escritos en la Biblia como este me da grima que la iglesia vaya de defensora de los derechos de la mujer. Te alabamos ¡Oh señor!:

"Pero quiero que sepáis que Cristo es cabeza de todo varón, y el varón es cabeza de la mujer… Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, porque él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón."
1 Corintios 11: 3, 7, 8 & 9

O este otro párrafo, qué es de mis preferidos:

"Y si vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer, la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas, y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer."
Deuteronomio 21: 11-14

¿Es la institución que defiende la Biblia, y, por tanto, defiende estos pasajes, la que habla de proteger a la mujer? Estamos salvadas, amén.

Pero bueno, a lo que íbamos:

Primero, el aborto no es un problema de todos, el aborto es una decisión de todas.

Segundo, es la iglesia la que presiona a las mujeres para no abortar, es la iglesia la que justifica que aunque te hayan violado, tu responsabilidad es ser madre, es la iglesia la que presiona y la que estigmatiza a las mujeres que han decidido ser autónomas y libres para decidir. (Porque, bueno, sabemos que a la Iglesia le empieza a chirríar que las mujeres podamos decidir sin que haya un hombre supervisando).

Tercero, aún no he visto al movimiento feminista crear ni una sola campaña para obligar a las mujeres a abortar.

Y cuarto, el aborto SI es una conquista feminista, negar esto es negar la historia y los hechos. Pero qué podemos esperar de los que creen en un ente que no está demostrado científicamente, y se empeñan en dar argumentos respaldados científicamente. Curioso, ¿no?

     8.    El precio del aborto legal: millones de niños que no llegan a nacer, millones de vidas de mujeres destrozadas.

Lo del principio, millones de niños que no llegan a nacer, porque creemos que es más justo obligar a parir a las mujeres y luego desentendernos por completo de esa vida que estamos obligando a ser, que preocuparnos por la mujer. Porque a lxs conservadoxs os interesáis por la vida cuándo son fetos, pero no cuando tienen 18 años y se alistan en el ejército para morir.

¿Millones de vidas destrozadas? Por favor dime que has ido a las casas de todas y cada una de las mujeres que han abortado y les has preguntado cómo les ha sentado abortar.

En caso contrario, cállate, no eres ninguna autoridad para hablar de las emociones y los sentimientos que han sentido millones de mujeres. No necesitamos que nadie nos diga cómo debemos sentirnos, gracias. Y para esto, las compañeras de Pikara Magazine se han pegado un gran trabajo reuniendo testimonios de mujeres que han abortado y no son almas en pena por ello.
     9.    Las Leyes del aborto obligan a las mujeres a abortar.
      a)    Las leyes del aborto legal no obligan a ninguna mujer a abortar si no quiere hacerlo. La única estructura de violencia estructural que existe sobre las mujeres es el patriarcado.
   
    b)    Las leyes del aborto no son violencia. Violencia es que una mujer no pueda decidir. Violencia es que te violen y te obliguen a ser madre, violencia es creer que las mujeres somos demasiado débiles para tomar decisiones. Violencia es que la vida de un ser vivo, como es un feto, prevalezca por la vida de un ser humano. Violencia es tratarnos como incubadoras.

    c)    El estado hace tiempo renunció a su compromiso ético y humanista. El aborto no es comparable a matar a millones de niños de hambre. Preocupémonos por los niñxs nacidos que por los que no han nacido.

    10.  El movimiento por la prohibición del aborto es culpa de la Iglesia.

Por favor, dejad de miraros el ombligo. El movimiento por la prohibición del aborto es producto de un sistema patriarcal que si no recuerdo mal, lleva siglos haciendo de las suyas. Es por eso, como bien dices, que Hipócrates y Galeno (no católicos), establecieron que la ética médica impedía el aborto. Todo ese pensamiento proviene de una sociedad profundamente machista, no católica. Y es por eso que la Iglesia es profundamente machista también. Pero eso no significa que no tengáis vuestra parte de responsabilidad en perpetuar, durante siglos, la violencia contra la mujer, ¿tengo que volver a repetir esos preciosos pasajes de la Biblia que he mencionado antes?




Educación sexual para decidir.
Anticonceptivos para no abortar.
Aborto legal para no morir.


Escrito con las aportaciones del compañero @HxC_Anieber que también tiene un blog en el que aporta su pequeño grano de arena a esta lucha.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Porque al fascismo se le combate, no se le teme

Me han dicho que no debo de tener miedo al fascismo, porque al fascismo se le combate, no se le teme. Y he programado mi cuerpo y mi cerebro para que así sea, porque el fascismo no pasará. Y sé que seré la primera que tire una piedra contra esos desechos que se hacen llamar personas.

Pero no puedo evitar tener miedo. Toda mi juventud me han dicho como tengo que comportarme, que puedo sentir o no. Que las personas que luchamos no debemos tener miedo, que podemos hacer de todo, desde pelear contra la policía hasta pegar dos puñetazos a cualquiera que intente darte una paliza por tu manera de pensar. Que un día agarraré un fusil y me pondré en el frente de una guerra, y tengo que hacerlo sin que me tiemble el pulso.

 Siempre me han dicho que tengo que ser fuerte, que no debo de tener miedo.

Pero ya estoy harta de no tener miedo, o de negar que lo tengo, porque sí, estoy acojonada. La extrema derecha, el nazismo, el fascismo, me violentan, me asustan.  Me asusta mucho una ideología que mato a millares de personas en España y millones en Alemania, personas que todavía no han visto reconocido su asesinato político y siguen enterradas en cunetas. Me asustan esas personas que piensan que la raza o el color de piel determinan tu posición social o de poder. Me asustan esos chavales que son capaces de apuñalar a personas en el metro, o en mitad de la calle, simplemente por tener una ideología contraria a la suya.

Porque tengo miedo de recordar los ojos llenos de lágrimas cuando mi abuelo me contaba que el franquismo asesinó a sus padres. Porque tuve miedo cuando, el 15 de junio en Bilbo, tuve a José Ignacio Irusta Sánchez a dos metros de mí, respirando en mi nuca. Lo tuve, y mucho. Al igual que tengo miedo que Respuesta Estudiantil vaya creciendo poco a poco en Navarra, y que llene las calles donde he crecido de odio y violencia. 

Porque a mí un nazi de dos metros de alto con una navaja en la mano no me asusta, ni él ni lo que pueda hacerme, me asusta y me acojona  que ese nazi de dos metros pueda salir impune y pueda seguir propagando una ideología que lo único que hace es destruir y asesinar a personas sin ninguna consecuencia.

Yo no tengo miedo por mí, tengo miedo por la libertad. Y por eso ejerzo mi derecho a tener miedo.

Un abrazo de lucha inmensa para los compañeros y las compañeras asesinadas por el fascismo.