sábado, 3 de julio de 2010

Íbola

Ayer me lo contaron y hoy sigo sin saber como tengo que reaccionar. Y lo único que me ha salido es una despedida. Pero de esas que te gustan, de las buenas…
Tu vida ha sido corta y tu camino pequeño pero tus pasos han sido tan grandes como tus metas. Y tu corazón igual de radiante que tu sonrisa.
Siempre me decías que te hubiera gustado vivir otra vida, pero, que más da como haya sido la tuya, te vas convertida en una luchadora nata igualmente. Sin ni siquiera envidiar al guerrero más fuerte.
Te lo dije, creo que nunca más volveré a conocer a nadie como tú y sabes que no es porque pertenezcas a otra raza, otra cultura, otro país, otra religión, sabes que no es por eso. Eres ese tipo de persona que me hubiera gustado presentar a la gente. Aunque hasta ahora no lo echo, podré contar a todo el mundo la persona que eras, una persona que lo daba todo sin esperar nada a cambio, que luchaba y seguía por mucho que le cayera encima, que no se dejaba manejar por los que se creían los fuertes y que se enfrentaba a todo aquel que quisiera hacer daño alguien que te importara. Eras de esas personas a las que se aprende a querer.
Y a pesar de tus 9 años, aprendí muchísimo de ti, seguro que más que tu de mí.
De lo único que me arrepiento es de haber compartido solo tres meses contigo y no haberte visto en tres años… Porque eso si ha sido culpa mía… Porque tú lo valías.
¿Sabes cuantos eran los kilómetros? Casi 7000 km, que parece mucho y lo es. Es mucho. Esa era la distancia.
Pero, a pesar, de esos 7000 km y esos tres años, siempre me acordado de ti.
Y va a seguir siendo así siempre.
Al final fuiste tu la que me ayudó a ser más feliz a mí, cuando la única razón de mi viaje era hacerte la vida un poco más fácil a ti.
Con 9 años te has ganado el cielo, hasta tu religión hará una excepción contigo.
Allí estarás bien y no puedo pedir nada mejor que eso.

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