jueves, 29 de diciembre de 2011

Memoria histórica, 4 años.

Tres años después de la entrada en vigor de la Ley de la Memoria Histórica, el Estado continúa sin buscar a los desaparecidos ni evitar la difusión del fascismo. 


Todas, absolutamente todas las ciudades y decenas de miles de pueblos de toda España mantienen calles, plazas, monumentos o símbolos que exaltan la dictadura fascista del asesino y genocida General Franco. El Valle de los Caídos sigue siendo un lugar de culto católico fascista que ignora en su relato a los miles de esclavos políticos republicanos que fueron obligados a construirlo y al que recientemente el Estado ha regalado más de 100.000€ en obras. Tampoco existen el mapa de fosas de España ni el protocolo de exhumaciones que eran compromisos del Gobierno. Y centenares de miles de placas de Falange decoran decenas de miles de portales de miles de barrios obreros de todo el Estado español. Como en 1975, vaya.
Ya se han cumplido más de cinco años de la entrada en vigor de la llamada Ley de la Memoria Histórica que comenzó oficialmente su andadura el 27 de diciembre de 2007. El balance que se puede hacer de estos cinco años es muy negativo, nefasto. “La ley asegura en su preámbulo que la memoria de las víctimas del franquismo es personal y familiar. ¿A qué víctima de un delito violento tan grave le dice el Estado que su recuerdo no es público, que es asunto de su familia!?”, asegura Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.
En estos más de tres años el Estado continúa sin responsabilizarse de la búsqueda de los desaparecidos y cargar la solución parcial a un delito tan grave en los hombros de las víctimas. “Nos llega algún caso -asegura Silva- remitido por administraciones públicas que les dan a los familiares nuestro número de teléfono. ¿Cómo es posible que alguien que llame a una administración denunciando y pidiendo ayuda por un delito tan grave sea remitido a una asociación para que le solucione el problema!?”.
Otro de los apartados de la Ley es la existencia de calles, plazas, monumentos, símbolos e incluso denominaciones de pueblos que permanecen intactos, a pesar de que la ley considera ilegales las exaltaciones de la dictadura: “Vivimos en un Estado que cierra locales por exponer fotografías de ex presos y al mismo tiempo permite plazas, fundaciones y calles dedicadas a asesinos de decenas de miles de civiles”, afirma el presidente del la ARMH, el colectivo que hace diez años inició la búsqueda de desaparecidos por la represión franquista con técnicas científicas.
No ha cumplido el Gobierno su responsabilidad en la elaboración del mapa de fosas porque en vez de hacerlo, ha delegado ese deber en las comunidades autónomas, lo que genera una bronca política que no existiría si se llevara a cabo desde las propias instituciones del Estado. Tampoco ha hecho el protocolo de exhumaciones. Y ha permitido dejar en manos particulares la quitada de las placas de exaltación fascista en cada portal de los “pisos de Falange”. Cuando no re-decorado y arreglado sus símbolos.*
En cuanto al Valle de los Caídos continúa siendo un lugar de culto católico en el que se permite la exaltación impune del franquismo a través de la práctica religiosa y se oculta la tragedia de los miles de esclavos políticos republicanos que fueron obligados a construirlo.
*Y el caso de recientes rehabilitaciones oficiales de casas o edificios, que han dejado intactas las placas o símbolos fascistas, falangistas, racistas... Dos simplísimos ejemplos: La fachada de la sede de Loterías y Apuestas del Estado, de la calle Guzmán el Bueno de Madrid, dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda. “Curiosamente” en la fachada hay dos escudos fascistas que se encuentran frente a la puerta de entrada de la Dirección General de la Guardia Civil. El tan “laureado” Ayuntamiento de Vitoria (Ciudad Verde, Capital de mil eventos...), “rehabilita” oficialmente casas en el Casco Viejo de esa ciudad en 2011, pero deja intactas las placas de Falange.
La Ley de la Memoria Histórica es mentira, como todas y cada una de las promesas de los demócratas que nos rigen para obligarnos a olvidar, y por tanto a recordar, a los miles y miles de asesinados, heridos, torturados, rapadas, desaparecidos, represaliados, cuneteados, enladrillados, exiliados, niños secuestrados... del régimen fascista desde el año 1936 al 1977 y sus sucesores directos posteriores. Porque ¿dónde quedaron la disolución de los cuerpos represivos, o en caso de haber sido aunque sea un poco demócratas, -aunque fuera- su sola depuración de elementos fascistas, torturadores o implicados en el régimen, como políticos, curas, jueces, burócratas, “técnicos”, etc, etc?. No continuamos, que no está el horno de la “libertad de expresión” para bollos, ni para migas siquiera. Pero con consultar hemeroteca, ya está dicho casi todo, la verdad...

martes, 13 de diciembre de 2011

Economía


La Real Academia de la Lengua Española define el término economía como: Administración eficaz y razonable de los bienes; Conjunto de bienes y actividades que integran la riqueza de una colectividad o un individuo; Contención o adecuada distribución de recursos materiales o expresivos… etc.
En una sociedad actual, como por ejemplo Europa, la economía es una de las bases que la sustentan. Sin economía está claro que esa sociedad caería. Con las definiciones que acabamos de ver suena bien esa palabra. Suena a reparto de la riqueza, a que todos vivimos igual sin estar unos por encima de otros. Por eso en una sociedad es tan importante la presencia de una economía y, en este caso, un órgano, que la dirija. En España tenemos un órgano, el gobierno, en el que hay una parte que se dedica única y enteramente a eso, a la economía del país. Con la entrada en la unión europea, la economía española creció considerablemente tanto que ahora es la quinta economía más grande de la unión europea. ¿Cuál es el problema de todo lo citado hasta ahora?, que hay cosas que son falsas.
En este país no existe un claro concepto de lo que es la economía. A raíz de la crisis hemos olvidado lo que era una verdadera economía. Vivimos en una sociedad capitalista o, por lo menos, en una sociedad que oculta el capitalismo con ideas democráticas muy pobres y con discursos populistas que solo buscan el voto fácil. Y más que capitalismo me atrevería a decir que un feudalismo moderno, que copia esquemas del que creemos ya olvidado, allá por la Edad Media. Si no, vamos a comparar, el sistema medieval se basaba en una jerarquía, en la que las clases bajas o el pueblo llano trabajaba para el mantenimiento exclusivo de la burguesía, los nobles y la realeza. O como lo definiría el marxismo, un modo de producción con unas formas peculiares de relación socioeconómica y lo sitúa entre el esclavismo de la antigüedad y el Capitalismo moderno. Trasladado a nuestra época y a España, sobretodo, seguimos manteniendo a una Monarquía mediante unos fondos públicos que son consecuencia del trabajo de muchas personas. Existen, como decía, Vincenc Navarro[1] en su artículo ¿Existe la clase trabajadora?, clases sociales, que en esencia, son las mismas que antes, solo que, trasladadas a la modernidad. Partiendo de esa base, esta sociedad esta creada en base a un crecimiento económico del que solo se aprovechan unos pocos propiciando unas desigualdades sociales escondidas entre un falso progreso, promovido, por ejemplo, por anuncios de multinacionales capitalistas, como Coca-Cola, que no hacen más que seguirle el juego al imperialismo haciéndonos creer que si vivimos en un mundo mejor[2] cuando lo real es que 100.000 personas mueren al día en el mundo por hambre, más de 1.000 millones de personas viven actualmente en la pobreza extrema, siendo el 70% mujeres. Tres ciudadanos estadounidenses (Bill Gates, Paul Allen y Warren Buffet) poseen juntos una fortuna superior al PIB de 42 naciones pobres, en las cuales viven 600 millones de habitantes. Las 356 personas más ricas del mundo disfrutan de una riqueza que excede a la renta anual del 40% de la humanidad. Como ya dijimos, el 80% de los recursos se reparten entre el 20% de la población.
¿Es esto progreso?, ¿de verdad vivimos en una sociedad mejorada y moderna? Es posible, pero el acceso a esa sociedad no es el mismo para todos. Este sistema creado por y para los ricos está privando de derechos y libertades fundamentales a más de la mitad población mundial. Pero lo peor no es esto, porque estos datos son más anteriores, lo peor es que con el surgimiento de la crisis que ahora nos azota, esto ha aumentado.
Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que esta crisis estaba completamente planeada, ya sabían que iba a pasar, solo ha sido otro truco para que el capitalismo se siga haciendo más poderoso convirtiéndose en un organismo que solo vive absorbiendo la riqueza por donde puede. Solo ha sido otra arma política sino, ¿cómo se explican las inyecciones de dinero público a los bancos? O que en Navarra, por ejemplo, la presidenta del Gobierno, Yolanda Barcina, se haya subido el sueldo un 33%[3], mientras hace un recorte presupuestario de 190,6 millones de euros, en los que sobretodo se ven afectados educación, sanidad y los servicios públicos. A nivel nacional, los recortes serán muy severos con la llegada a la presidencia del candidato del PP, Mariano Rajoy, que no impondrá sino unos recortes totalmente neoliberales, dando más importancia a lo privado que a lo público, favoreciendo a las clases pudientes y dejando en una situación precaria a las clases trabajadoras. Así se limitará el acceso a todo, pero sobretodo, con la privatización buscan que la educación no sea accesible para crear una masa borrega que siga manteniendo este sistema capitalista, una masa que no piense, me atrevo a decir que les encantaría tener personas analfabetas para no tener a quien controlar, para asegurarse el poder totalmente. El neoliberalismo no es sino una extensión de la dictadura capitalista que adornan con discursos como: Yo te voy a dar trabajo. Cuando lo único que buscan es seguir saciando ese hambre de poder y dinero que, lamentablemente, es insaciable. No buscan ninguna igualdad de derechos y favorecen una perpetua división de clases. Tienen a su servicio todas las cadenas, porque no hay ninguna cadena en el estado español que de una información de izquierdas o alternativa, entonces ellos controlan todos los periódicos, todas las cadenas y con ello nos controlan, inconscientemente, nos lanzan la información que interesa lanzar, nos engatusan para conseguir votos y un poco lo que llevo comentando, todo lo que sea necesario para mantener este sistema.            
Han construido un sistema tan complejo e infranqueable que resulta muy difícil penetrar en el, pero no queda sino oponer resistencia. Oponer resistencia a las privatizaciones que van a llegar de cien en cien. Empezado como bien he dicho antes sobre los servicios públicos  y la educación, no quieren sino construir un sistema en el que no se forman personas sino máquinas destinadas a acabar en un puesto de trabajo, que siga aumentando la producción del capital. Los centros escolares se organizan como si fueran empresas, cuyo objetivo es generar más y más riqueza. No importan los valores ni la ética moral, no es importante educar para aprender la convivencia y el hecho de que la igualdad tiene que ser la base de todo sistema tanto político como económico. Lo único que ha demostrado la práctica del neoliberalismo es que las desigualdades sociales continúan estando presentes y aumentan cada vez más. Es como si fuera un mercado en el que el consumidor tiene que elegir entre pagar mucho y obtener una educación de calidad u optar por lo barato y recibir una educación mucho más mediocre. La educación neoliberalista recorta la igualdad de oportunidades dejando que sea la gente perteneciente a clases pudientes las que solo puedan acceder a una educación de calidad dejando sin opciones de futuro a la clase trabajadora. Todo está colonizado por la lógica del comercio. La educación se convierte en un producto más. En general, lo que el neoliberalismo ha conseguido es situar la discusión sobre la financiación en primer lugar.

Una de las manifestaciones del neoliberalismo es su pretensión de alzarse como la única interpretación que permite entender el mundo y, por tanto, la única que puede aspirar a dirigir políticamente. Cualquier otro sistema que se aparte de las ideas neoliberalistas es tachada de utópica, de anacrónica.


[1] Vincenc Navarro, catedrático de la universidad Política de Pompeu Fabra, El periódico de Catalunya, 28.10.2001.
[2] Anuncio Spot Coca-Cola 2011: Hay razones para creer en un mundo mejor. (http://youtu.be/wrqIeR9um54)
[3] Noticias de Navarra (edición digital): “Yolanda Barcina se sube el sueldo el 33% para compensar la renuncia forzada de las dietas”.

lunes, 5 de diciembre de 2011

De porque merecen la pena las locuras como esta.


Hace un año jamás pensaba que iba hacer una “locura” de unas dimensiones como la que estoy planeando llevar a cabo estas navidades. Y sin embargo, aquí estoy, a menos de irme a otro país, diez días, sola, y solamente por el placer de ver a alguien. O, tal vez, por la necesidad de verle, no lo sé. Es complicado. Yo soy complicada.
Creo que si ahora mismo me hicieran una radiografía, dentro de mi cuerpo solo habría nervios, un montón de nervios diferentes, como una sopa de letras. Que por cierto me están agobiando y poniendo mala. Pero supongo que me paro a mirar más la parte positiva de todo esto, que no es en absoluto pequeña. Es grande, enorme, incomparable, y todos los adjetivos que se os ocurran. Imaginaros lo mejor del mundo. Pues es mucho mejor.
Y a pesar de toda esta alegría contenida me asaltan un montón de preguntas, dudas y miedos, a los que no sé cómo responder, ni siquiera se el significado de muchos ellos y por todo ello me pregunto si merece la pena todo esto. ¿Es egoísta?, a veces pienso que sí. La decisión de irme diez días a otro país no me afectado solo a mí. Imaginaros lo que es para unos padres decirles que vas a pasar las navidades fuera (y tan fuera). O imaginaros como es que una persona que quieres MUCHO vuelve de Oxford el mismo día que tú te vas y que por la gracia de querer irme no la voy a volver hasta yo que sé cuándo. Y sumarle que vivo fuera y ese periodo es para recuperar el tiempo perdido…Imaginaros lo que ha supuesto este viaje. Y yo empeñada en querer ir, sin mirar cómo afecta eso a las personas de mi alrededor. Pero ¿es malo?, ¿es malo echar de menos?, ¿es malo hacer algo así por alguien que te importa y qué sabes que necesita que hagas esto?, ¿es egoísta, como me dicen, de verdad? ¿Es malo querer a alguien así? ¿Merece la pena ese “sufrimiento”?
Pues claro que lo merece… pero que otra cosa puedo decir. Está claro que si no mereciera la pena hacerlo, no lo haría. No me habría gastado casi 1200 euros en eso. Ni habría aceptado tener que pasarme casi 20 horas (ida + vuelta) en el medio de transporte que más pánico me da en el mundo. No habría hecho los dos mil millones de papeles que me han pedido hacer para ir hasta allá. Y lo merece, sobre todo, porque a pesar de todo esto, no tengo la certeza de que me dejen cruzar la frontera. Si no creyera que no merece la pena no me expondría a todo esto.
Y hoy es uno de esos días en los que pienso si merece la pena después de tanto nerviosismo y nudos en el estomago que estoy acumulando. Pero se pasa rápido, me miro y digo: Uxue ¿Qué ostias dices?, claro que merece la pena.

Os dejo esta, que al final, si merece la pena hacer esto es por "Someone like you"
 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Signo de admiración.


Quiéreme, manifiéstate de súbito, choquémonos como por
arte de mágico en el Bukowski un miércoles.
Pidámonos disculpas, intentemos tirar el muro gélido 
diciéndonos las cuatro cosas típicas. Invitémonos a bebidas alcohólicas.
Escúchame decir cosas estúpidas y ríete. Sorpréndete
 valorándome como a oferta sólida.
Y a partir de ahí, quiéreme. Acompáñame a mi triste 
habitáculo.
Relajémonos y pongamos música.
De pronto, abalancémonos como bestias indómitas.
Mordámonos, toquémonos, gritémonos.
Permitámonos que todo sea valido.
Y sin parar follémonos. Follémonos hasta quedar afónicos,
follémonos hasta quedar escuálidos.
Y al otro día, quiéreme.
Unamos nuestro caminar errático descubramos restaurantes
 asiáticos, compartamos películas,
celebremos nuestras onomásticas regalándonos fruslerías
 simbólicas.
Comprémonos un piso. Hipotequémonos.
Llénenoslo con electrodomésticos y regalémosle nueve 
horas periódicas a trabajos insípidos que permitan llenar el frigorífico.
Y mientras todo ocurra, solo quiéreme.
Continúa queriéndome mientras pasan hespiditas las
 décadas dejando que nos arrojen al hospital geriátrico.
Inválidos, mirándonos sin más fuerza ni dialogo que 
el eco de nuestras vacías cáscaras.
Quiéreme para que pueda decirte cuando vea la sombra 
de mi lápida
“Ojalá, ojalá como dijo aquel filosofo, el tiempo sea 
cíclico y
volvamos reencarnándonos en dos vidas idénticas y 
cuando en el
umbral redescubierto de una noche de miércoles 
pretérita tras
chocarme contigo, girándote, me digas: uy, perdóname, 
ruego que
permita al Dios autentico que recuerde el futuro de 
este cántico, y
anticipándolo, pueda mirarte directo a los ojos y 
conociéndolo muy
bien, sabiendo el de venir de futuras esdrújulas, 
destrozando de un
pisotón mi brújula te diga: Solo quiéreme”.

viernes, 23 de septiembre de 2011

El Centro de Gravedad


Todos tenemos un centro de gravedad, el mío... está en su mano izquierda, en una pequeña marca que le han dejado todos estos años de tocar la guitarra. Cuando ese lugar se aleja, tira de mí como un imán.

martes, 16 de agosto de 2011

Ficción


Escribo la historia de un personaje de ficción que, a la hora prevista, aterriza en el aeropuerto. Aviso: no se trata de ninguna aventura espectacular, no está ambientada en lugares peligrosos (cimas que nadie ha culminado, bosques en los que se pierden excursionistas y los equipos de emergencia que intenta rescatarlos, desiertos con tormentas de arena tan destructivas que ni siquiera los camellos se atreven a adentrarse en ellos, tierras pantanosas, lagos y lodazales en los que se esconden bestias bulímicas, latitudes y longitudes en las que reina una hostilidad parapsicológica jamás explicada por la ciencia). El personaje de ficción sobre el que me apetece escribir no tiene que pasar por ninguna situación delicada. Nadie intenta envenenarle, ni tiene que desenfundar ninguna espada mágica para enfrentarse a un monstruo de siete cabezas o una pistola de rayos láser para aniquilar a un viscoso extraterreste. Tampoco tiene sangre azul ni pertenece a ninguna lógica conspirativa.
Cuando pasa el control de pasaportes, no lo entretienen, ni le obligan a desnudarse  para averiguar si lleva droga escondida en algún orificio anatómico. No tiene que conocer el secreto de ninguna receta de alquimista, ni recordar una contraseña milenaria que debe ser murmurada en etrusco, de cara a la Meca o leyendo a contraluz de una vela un pergamino manchado con tinta simpática.
Nada le impide mirarse las sandalias mientras con la inexpresividad de una maleta, cruza la terminal por un pasillo mecánico que avanza a trompicones.
El clima tampoco aporta nada a la narración. En ocasiones, para justificar determinadas conductas de los personajes, las historias incluyen elementos climatológicos de efecto dramático. Si llueve a cántaros, por ejemplo es previsible que descarrile un tren, o que un barco naufrague, o que el avión, aspirado por una espiral de turbulencias, desaparezca en la pantalla del radar de la torre de control mientras los pasajeros rezan a dioses complementarios.
Por la ventanilla del taxi que lo conduce al hotel, el personaje contempla un cielo ni demasiado soleado ni excesivamente encapotado, similar a la ropa que lleva: de entretiempo. El hotel carece del pedigrí arquitectónico y de la clientela bohemia de otros establecimientos del sector. La habitación, el servicio, la presión del agua y la rugosidad de las toallas se enmarcan en eso que, para entendernos, denominamos normalidad.
En el vestíbulo, nadie lo confunde con quien no es y, en consecuencia, el malentendido como motor de la narración tampoco viene a cuento.
Y cuando, después de haberse cambiado, el hombre sale a dar una vuelta, nadie intenta robarle la cartera, ni en el momento de pagar, tiene que regatear por unos bongós que tampoco piensa comprar, ni resbala sobre una piel de plátano, ni se golpea la cabeza con el canto de la acera, ni pierde la memoria, ni es blanco de una revelación que le cambia radicalmente la existencia.
Las horas que le quedan hasta el momento de acostarse no presentan ninguna incidencia digna de ser comentada y, por tanto, no comentaré ninguna.
A la mañana siguiente, después de una ducha y treinta y tres vigorosas flexiones, el personaje desayuna una combinación nutritivamente equilibrada de lácteos y cereales y aguarda a que empiece una reunión que debe celebrarse en el mismo hotel. A la hora convenida llegan las personas convocadas, entre las que figura una mujer pelirroja y atractiva. En numerosas narraciones, este primer contacto suele explotarse como la semilla de una relación sexual o sentimental. No es éste el caso. A la mujer pelirroja ni siquiera se le pasa remotamente  por la cabeza tener nada con el hombre que, por otra parte, se limita a hacerle repetir su apellido, no como una táctica de seducción para prolongar el momento del encuentro, sino porque Jjaäjejr de Frysseux no deja de ser un nombre difícil de captar a la primera.
La reunión no trata de ninguna cuestión que no pudiera resolverse con un par de llamadas telefónicas y como mucho, una videoconferencia. Todos los participantes comparten esa sensación, pero, acostumbrados a no cuestionar las decisiones de empresa, procuran que la reunión sea tal y como mandan los cánones: larga y soporífera.
El personaje sale de la reunión con el tiempo suficiente para regresar a la habitación, hacer el equipaje, pedir la cuenta y, en el vestíbulo, esperar el minibús que, cada tres cuartos de hora, sale hacia el aeropuerto. La inquietud de llegar tarde, la tensión de perder de vida o muerte, el nerviosismo de quien no podrá llegar a tiempo han inspirado miles de escenas literarias, cinematográficas y televisivas. Eso contrasta con la fluidez de la circulación y con la placidez del personaje que, con la tarjeta de embarque en el bolsillo, incluso tiene tiempo para visitar la tienda de productos libres de impuestos y comprar un peluche y un frasco de colonia Óscar de la Renta.
El vuelo podría ser el pretexto para describir  una fobia a las alturas, con crisis de angustia aplacadas con hectolitros de alcohol, pero al personaje le gusta tanto volar cuanto más alto mejor, que se entretiene mirando por la ventanilla, estudia la forma de las nubes y se extasía con la geometría de los cultivos y el urbanismo de las ciudades, en las que, según cuenta el comandante, la temperatura es de 24 grados centígrados.
La emoción del regreso a casa también ha inspirado toneladas de lirismo.
Las gotas de lluvia en el parabrisas del taxi, la vuelta con rótulos luminosos, detalles que preparan al lector para un desenlace sorprendemente previsible. En este caso, el personaje conduce su propio coche, que, de manera previsora, dejó aparcado antes de coger el vuelo de ida y regresa a casa escuchando, como hace siempre, la radio. El hecho de que cada cuarto de hora se repitan las noticias, casi idénticas, le proporciona cierto bienestar que el personaje expresa con una sonrisa muy parecida a la del crío fotografiado para el NO CORRAS, PAPÁ situado junto al volante.
Tampoco se producen incidentes circulatorios dignos de mención: ningún cadáver descuartizado sobre la calzada, ninguna banda de delincuentes disparando sus armas automáticas desde un todoterreno robado, ningún camión cisterna supurando gases tóxicos, ninguna concentración de campesinos indignados.
El coche funciona a la perfección y la carretera ofrece el nivel de tráfico idóneo para mantener, por un lado, la ausencia de riesgos y, por otro, la atención de los conductores.
El personaje de esta historia tampoco tendrá problemas para aparcar. Su casa tiene dos plazas de parking cubiertas y, cuando llega, no se ha declarado ningún incendio.
Allí reina un ambiente de quietud acogedora, que, en el momento de introducir la llave en la cerradura, casi le conmueve. Lo reciben su mujer, con una complicidad amable y su hijo, con el entusiasmo de un niño que espera la llegada del padre y el ritual del regalo. Un peluche, dos besos, y, más tarde, la reclamación de la lectura de un cuento antes de dormir. Entonces para satisfacerlo, el personaje no se sumerge en la simplicidad del día que acaba de vivir, sino que, para hacer feliz al niño, le habla de altísimos barrancos con pájaros  planeando sobre un mar en llamas, verdísimas llanuras por la que cabalgan caballos de anchas pezuñas y crines legendarias, islas tan nítidas como el ektachrome de Kodak y antídotos preparados por alquimistas que salvarán la vida de héroes envenenados.
Que el hijo se duerma enseguida no es ninguna ofensa para el padre, más bien la prueba de que la ficción puede llegar a ser el más eficaz de los somníferos.

domingo, 7 de agosto de 2011

A propósito de su visita, Señor Benedicto XVI

Me llamo Uxue, tengo 20 años. Soy atea. No creo en Dios, ni en Jesucristo, ni tampoco en la iglesia que los representa. No creo en un cielo y un infierno. Ni que los panes y los peces se multiplicaran. No creo en las costumbres cristianas ni en la Biblia (aunque la haya leído). Ni en que Dios sea la última esperanza. Ni en que nos salvará.
No creo en ninguna de esas cosas.
Pero ¿sabeis? si creo en el ser humano. Y creo  en su libertad y en sus derechos. En sus creencias. En sus ideas. Sus opiniones. Su capacidad de recapacitar. Su valentía a defender lo que el cree justo.
Cuando usted venga a Madrid a visitarnos yo estaré allí. Pero no estaré para insultarle sino que le mostraré mi más sincero respeto. Porque como dijo Voltaire: Detesto lo que dices pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo. ¿Quiere saber para qué estaré allí?
Estaré allí para recordarle los problemas que existen en el Cuerno de África, para que no se olvide de la de millones de personas que mueren cada día de hambre, para que se fije en la de personas que se están quedando sin su hogar por no tener trabajo ni recibir ayuda, en la de recortes que hemos sufrido en sanidad y educación, en que los comedores sociales ya no tienen ni para comer, en la de mujeres que sufren abusos y maltratos por todo el mundo, en la de niños soldado y la de niñas vendidas como prostitutas...
Estaré allí para recordarle la de cosas que se podrían arreglar si esos 50 millones de euros no se utilizaran en su visita.
Por supuesto que eso no es culpa suya, pero usted tiene la capacidad de decir que NO. No a 50 millones de euros. Es hipócrita. Es demasiado y siento ser dura o, desde su punto de vista, insolente, pero paguesé usted su viaje, o que se lo pague el que quiera que usted venga. Porque  a mí me dasalienta tener que pagar la figura de alguien que ni me representa ni me parece que tenga unos valores. Lo siento es así. Ahora podrá criticarme y decirme cuanto se le ocurra, pero yo estaré allí.
Aguantaré lo que me echen. Aguantaré el gran discurso que me imagino dará. Quejándose de los preservativos, el aborto y los homosexuales. Aguantaré eso. ¿Sabe por qué? Porque soy mucho más fuerte y no necesito pisar ni criticar a nadie para conseguirlo. Y a pesar de todo eso, yo seguiré respetandolé como ser humano aunque no me guste como persona. Y sí, eso me hace sentir mejor, porque se que usted a mi no me respeta.
Me disgusta que haya gente como usted y esa es la razón por la que muchas veces pierdo la fe en el ser humano.
Y ahora si se siente mejor, seguro que voy al infierno por esto.
Atentamente,
Uxue

jueves, 7 de julio de 2011

Adiós

Hola, me llamo Uxue:
No sé lo que se suele decir en estas ocasiones, porque, sinceramente, siempre he intentado evitarlas. Lo más sencillo es decir que te quiero y te voy a echar de menos. Hemos pasado y recorrido mucho juntas, algo increíble teniendo en cuenta que antes no nos conocíamos tanto.
Espero no parecer egoísta pero los últimos meses contigo han sido de lo mejor hasta ahora, me has salvado y lo supiste hacer de la mejor manera. Estoy profundamente orgullosa que para ti haya valido la pena conocerme. Al final, creo que se puede decir que las dos nos proporcionamos felicidad mutuamente, así que un día cuando al fin descanse en algún lugar, si despierto cerca de una puerta espero que estés ahí para responder por mí y enseñármelo todo.

Gracias.

sábado, 2 de julio de 2011

Después de una mala, pero mala a rabiar, temporada vuelvo a ser yo. ¡Por fin! Ya me echaba de menos.
Han pasado tantas cosas que, vaya, creo que me he superado totalmente a mí misma. No lo hecho sola, claro, unas personas (maravichachis) me han ayudado hacerlo muchísimo más fácil (gracias), una, incluso, me ha dejado ducharme en su casa. (Lo cual era de agradecer en esos momentos).
Se que todos habéis tenido, tenéis y tendréis momentos en los que mandaríais todo a la mierda, en los que te sientes tan terriblemente ofuscada que solo te apetece empotrarte contra la pared de cualquier parada de autobús.
Bueno, pues así estado yo mucho tiempo. Y eso, quería decirlo. Como hay que sacarme las cosas con sacacorchos, hoy os doy el gusto de escucharlo desde mí. Es un gran avance. Voy mejorando, eso sí. Y me suelo desahogar más a menudo. Eso de explotar en momentos tan puntuales y tan a lo bestia, creo, que es bastante malo para mi integridad física, mental y sentimental. Pero bueno así soy yo. Me encanta joderme, soy una masoquista de mierda algunas veces.
En realidad no me entiendo. Bueno, mentira, si que me entiendo. Sé perfectamente porque soy así. Me da miedo. Abrirme a una persona me da bastante miedo. Siempre tengo la sensación de que tarde o temprano esa amistad o ''relación'' se va acabar, entonces para no ver como se acaba, la acabo jodiendo yo. Siempre. Está total y empíricamente comprobado. Pero no asustéis, ya no soy tan así. Pero sigo siéndolo en menor medida. Y es que es raro porque esa faceta de mí me asusta. He llegado hacer daño a personas que han estado conmigo siempre, a mi lado, y qué, curiosamente, aún siguen. Pero además muchísimo.
¿Parece mentira eh? Con la cara de buena que tengo... Lo soy!Lo soy! Pero bueno tengo ese gusanillo, para que veáis que no, que no soy perfecta. Me encanta no serlo, in fact.
Son las 00:04 y aquí estoy intentando no escuchar el millón de problemas que corren por las paredes de mi casa. Y como vuelvo a ser yo, solo puedo deciros gracias.
PD: Lo de debajo de los ojos no son ojeras, siempre se me ponen así cuando me río.

domingo, 12 de junio de 2011

La música es mía

La música es lo que hace que yo respire, cada nota es una partícula de oxígeno para mi cuerpo. La necesito para vivir, es imprescindible para mí. No podría sin ella.
Tan exagerado es que si no escucho música me duele la cabeza y me pongo irremediablemente irritable. Tanto que es una de las partes más influyentes de mi vida.
Tengo mil millones de recuerdos en la cabeza y cada uno de ellos va asociado con una canción, una melodía, una nota...De hecho podría grabar un CD con la banda sonora de mi vida. Y no tendría CD's suficientes.
La música es la única manera con la que siento que puedo expresarme. Tocando acordes con la guitarra, o unas notas en el piano... así soy yo y esos son los únicos momentos en los que me siento vulnerable, en los que, realmente, me siento yo en mi totalidad, en los que solo somos yo y un instrumento, lo demás da igual. Seguramente por eso es por lo que solo tres personas que me conocen me han escuchado tocar. Cuando yo toco, toco para mí, la música es para mí, no para nadie más. Es mía, cada una de las notas, cada melodía, es mía. Son sentimientos y emociones que de otra manera no saldrían al exterior y son sentimientos que tengo tan guardados, tan atrapados en esta coraza mía que me da pánico que alguien los escuche. Pánico y terror.
No necesito que nadie me diga lo bien o lo mal que toco, me da igual. Lo que de verdad importa es que yo sienta ese cosquilleo que me sube por las manos cuando estoy tocando algo. Si a ti o al otro os gusta me importa una mierda. Mientras yo note esa corriente de emociones seguiré una y otra vez hasta que me muera. Las veces que hagan falta. Aunque siempre haga falta.

Los que no entienden de lo que hablo son aquellos que no aman la música, los que no se emocionan, no con una canción, sino con una sola nota, una pequeña melodía... No, nunca entenderéis de lo que hablo.

lunes, 30 de mayo de 2011

100

En un curso de comunicación nos hicieron un ejercicio muy interesante. Nos hicieron escribir cien cosas sobre nosotros.
Soy rara, muy rara.
Me encantan cosas pequeñitas como el té, el agua caliente, un libro, las olas, la arena pegada a los pies, el olor a café, la menta, los abrazos, las sonrisas…
Me gustan mis pies. Y mis manos.
Me gustan los pantalones y las zapatillas pero no los vestidos y, al contrario de lo que mucha gente piense, no dejo de ser chica por eso.
Odio discutir.
Me encanta el café con leche. Y canela. Y miel.
Me gustan los abrazos, aunque a veces me agobian.
Las relaciones con los hombres me asfixian.
Soy demasiado independiente. Y eso me preocupa, de vez en cuando.
Ir al monte es de las pocas cosas que me producen una felicidad completa.
Me gusta escuchar música. A la mañana. Al mediodía. A la tarde. Y a la noche. Pero sobretodo de madrugada.
Soy totalmente dispersa para escucharla. Me gustan muchas canciones y pocos grupos.
Odio las aglomeraciones de gente.
Los pozos me producen pánico.
De pequeña pase casi diez horas en uno. Sola.
No fumo y si bebo.
Me gusta la cerveza. Y el pacharán.
Me encanta saber controlarme cuando bebo.
Leo muchísimo pero menos que antes. Mi libro favorito es “Hoyos”. Los comics de “Tintín” me encantan y mi manga favorito es  “Suzumiya”.
Me quiero.
Mi lugar favorito en la tierra es Jaurrieta y en su defecto la cima del Chinebral de Gamueta.
He pasado por estilos como “Jurru”, “Heavy” y “Hippie”.
Ahora soy yo y me quiero más así.
Me encanta el color naranja.
Odio cualquier idea, pretexto, persona o cosa que utilice la violencia.
Me gustan las películas de Disney y Pixar o cualquier compañía que haga dibujos animados.
Bones. La serie. Me encanta.
El euskera también me encanta.
Y  la antropología.
Soy torpe, muy torpe. Y feliz, muy feliz.
Me encantan las letras. Y las ciencias.
Admiro profundamente a Mª Jose Goyache. Y a Edurne Pasaban.
Pero el que más me ha enseñado ha sido mi abuelo.
Soy transparente. Y no creo que sea nada malo.
Me gusta el cine español.
Sobre todo Julio Medem.
Me pierdo. A veces me cuesta saber por donde quiero que vaya mi vida.
Soy indecisa.
Tenía una guitarra y me encantaba tocarla. Ahora hace tiempo que no toco.
La persona que mejor me conocía se murió.
Lo superé, aunque, a veces, creo verla por la calle.
He ido al psicólogo y no estoy loca.
Él sí que lo estaba.
Odio la política y a los políticos. (No creo en la Anarquía).
Tuve un podcast, me lo quite. Ahora me pregunto porque.
Las intros de Chocolat y La bella y la bestia me ponen la piel de gallina.
Sé que mis padres no están orgullosos de bastantes cosas.
Sé que no soy la hija que esperaban.
Y sé que hacen un gran esfuerzo y les quiero.
No odio a nadie. No sé hacerlo y de todas maneras es una pérdida de tiempo.
Me llevo muy bien con mi hermana pequeña.
Ella me cuenta sus cosas y yo las mías.
Me encanta nadar. Donde sea que hay agua, ahí nadaré yo.
Un banco entero de medusas me atacó.
Mentira, yo, que soy un poco lerda a veces.
No me gusta que se compadezcan de mí.
Me cuesta llorar.
Los albaricoques. Viviría en uno gigante.
Soy chachi y sexy también.
Actúe en el taller de teatro Plaza de la Cruz. Y me siento muy orgullosa.
El vino caliente con canela me parece un gran invento.
Los pinchos de tortilla de La Navarra me derriten el cerebro.
Me encanta ser de pueblo. Y de ciudad.
No soy friki. Soy Uxue.
M encanta el chocolate.
El chocolate deshecho es mi favorito.
Y los helados. De cualquier sabor.
En general, me encanta comer.
No soy complicada.
Bueno, a veces.
Los niños/as me alegran el cuerpo.
Soy cariñosa con mis amigos. Con los chicos, soy diferente.
Creo que los hombres son necesarios pero no los novios.
Soy tímida.
Soy de la Cruz Roja. Y pronto de Greenpeace.
Me habría encantado vivir en la época victoriana o en los años 70.
Me he leído la serie de Harry Potter entera, varias veces. Dos en inglés.
Me sé la película V de Vendetta casi entera.
Me encanta esa película.
En algún momento de mi vida me raparé la cabeza.
Y me haré un tatuaje. O varios.
Me da igual lo que diga la gente, Kristen Stewart me cae bien.
Rachel Weisz es mi actriz favorita. Y Helen Hunt. E Inés Efron.
Y Jack Nicholson mi actor favorito. Junto con Anthony Hopkins.
Y por eso adoro la película de “Mejor Imposible”.
Carlos Goñi consiguió emocionarme en un concierto.
Y Santi Balmes me regaló una púa por mi cara bonita.
Tengo una amiga que es rica, lesbiana y no hace más que el vago y viajar.
Me han detenido tres veces.
Mi móvil es inmortal. Y está demostrado.
Los abrazos me desequilibran.
Mi peña ha sido, es y será siempre Irrintzi.
Colecciono zapatillas. Converse sobretodo.
Tengo un disco de los años 60 que me costó 10 euros en una tienda de antigüedades en Madrid. En internet lo piden hasta por 200 euros.
El disco es Bat out of Hell (1), de Meat Loaf.
Si pudiera conocer a alguien sería Coraline Jones. O a Mei (Mi vecino Totoro).
Me encanta la sección curiosidades de la wikipedia.
Me encanta el sol.
Con esta lista he descubierto lo súper chachi rara que soy.
Me asusta querer demasiado a una persona.

jueves, 26 de mayo de 2011

Hola, papá

Hola Papá,
Hoy ha sido un mal día, en realidad llevo muchos malos días.
No coges el móvil, ni estás en Skype. Espero que mires el blog.
Llevo demasiado tiempo sin verte así que no se me ocurre que decirte. Lo siento.
¿Has cambiado?  ¿Eres una persona distinta? ¿Sigues como siempre? ¿Nos echas de menos? ¿Estás ahí?
Son preguntas a las que necesito que me respondas. No quiero saber de ti por mamá.
Quiero que vengas y que me hables, que tu voz me cuente esas historias una y otra vez, que tus brazos me balanceen de un lado a otro, que tus ojos me marquen el camino, que tu respiración me de oxígeno. Quiero que vuelvas.
¿Por qué no puedes estar aquí como todos los padres?
¿Por qué no puedes, simplemente, vivir aquí?
¿Por qué tienes que alejarte?
¿Por qué cuando más te necesito es cuando menos estás?
¿Por qué me dejaste aquí?
¿Por qué el año que viene me pides que vaya contigo?
¿Por qué tantas cosas, papá?
¿Por qué no puedes, simplemente, ser un padre normal y corriente?
¿Por qué sigo preguntando si no vas a responder?
Papá, ven aquí. Ven. Yo te necesito.
Yo te quiero. Yo estoy aquí.
Me da igual el miedo que te dé volver, porque sé que te da miedo. Me da igual. Abre los ojos. No puedes huir toda tu vida. Yo no lo hago. Itziar tampoco.
Así que ten cojones y ven.
Mañana jueves, trabajas por la noche, así que bebe mucho café. Pero del que a mí me gusta, el otro no, es muy malo, digas lo que digas.
El examen de euskera bien, bueno, muy bien.
Aunque la convivencia en esta casa cada vez es peor.
Adiós…Papá.
Un beso.
Uxue




PD: Hoy los Smiths, que nos gustan.