jueves, 21 de abril de 2011

De como llevo cinco años sin tí y las cosas que se quedaron sin decir...

Ya sé que aún no es la fecha, pero tenía ganas de hablarte un poco, de contarte como van las cosas por aquí, de decirte lo que me cuesta, todavía, estar sin ti.

En estos cinco años sin ti han pasado muchas cosas, más buenas que malas. Cosas que me habría encantado que hubieras  conmigo, o por lo menos, haber podido contártelas cara a cara. Puedo contarte que aún me duele pensar en ti y que esas últimas palabras que me escribiste siguen grabadas a fuego en mi cabeza.

Que te echo de menos. Todos los días y que aún me salen lágrimas cuando pienso que no puedo sentirte cerca de mí. Que eso me asusta. Tanto que me dan escalofríos.


En fin, un montón de cosas, que igual, estés donde estés, ya has visto, así que no quiero aburrirte más. O tal vez no estés en ningún sitio y esta carta no te llegue, no lo sé.

Creo que el verdadero motivo por el que hoy estás tan presente es que he vuelto a tener el mismo presentimiento que tuve cuando te estabas alejando de mí pero con otra persona, lo cual es malo. Es lo mismo y al parecer mi cabeza solo puede verte a ti. Y no quiero, porque no te mereces ocupar mi pensamiento.Estoy enfadada, creo que conforme más escribo más me enfado. Pero tengo que enfadarme porque cuando debí hacerlo estaba tan mal por perderte que no me cabían más sentimientos ni emociones en el cuerpo.


Joder Maite, ojalá estuvieras aquí… Es culpa tuya… O tal vez la mía.

Pero ¿culpas?, ¿qué importan?, que importan si solo me la puedo echar a mí si no estás. No es justo. Así siempre pierdo yo, bueno, aunque contra ti siempre tenía las de perder. A pesar de eso, se que ahora tengo razón, se que ahora no perdería. Porque, ¿fue un juego? ¿no? Un juego en el que tú ganabas y yo perdía… Pero ¿sabes qué? La vida me ha enseñado que ese día yo, sí, perdí, seguramente, pero tú no ganaste. Perdiste igual que yo. Yo te perdí a ti y tú te perdiste a ti. La diferencia es que no era ningún juego, Mai. Tu vida no era ningún juego, por muy cabezona que tú fueras, sabías que no. Y ahora no estás aquí por esa mierda.

Sin ni siquiera perder, estabas fuera del juego. Estabas mal. Dejaste que te arrastrara y acabaste como esa mierda quiso que acabaras. Te dije que lo dejaras antes de que pasara algo malo, te dije que era mejor no jugar contra eso. Pero orgullosa de ti, tuviste que jugar. Y el juego puso un precio. Un precio que yo y mucha gente pagamos y aún seguimos pagando. Y  he pagado un precio muy alto..

Mierda, Mai. Te echo de menos. Quédate con eso. Porque al final, es lo único que importa.

Solo tengo esto que decir:
No dejéis que os gane.

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