domingo, 30 de diciembre de 2012

Adaptarme, cambios y aprender


Decían que el tiempo lo cura todo, es mentira, el tiempo pasa, y mientras pasa las cosas cambian, pero el tiempo, no avisa. Al tiempo le vale con que tú sepas que pasa, lo demás es cosa tuya.

La mañana del 27 de Diciembre, me levanté con más ganas de que me absorbiera el edredón que otra cosa, ¿por qué? La respuesta más lógica que se me ha ocurrido, es que estoy viviendo cambios a los que no me acostumbro, cambios que no se afrontar y cambios que, hablando mal y pronto, me están jodiendo las navidades. Pero supongo que no soy la única, todo el mundo está mal, todo el mundo tiene aversión a los cambios. Esta es la Europa moderna.

Sigo sin entender la mayoría de las cosas que se pasean por mi cabeza y sé que, probablemente yo no sea la misma (mis tremendos cambios de humor tienen algo que ver) pero creo que he cambiado. Sí, benditos cambios. O fases. O etapas. O retroceder. O avanzar. No estoy segura de cómo he cambiado.

Sólo sé que me está costando adaptarme. Adaptarme a que las personas se van y que intentar detenerlas es imposible, que lo más importante es darles alas, y creo que, aunque duela, a veces, tal vez, sea mejor así.

Adaptarme a que las segundas oportunidades sí que son ciertas y que la gente sabe cambiar. Que sabe aceptarme y que ha sabido pedir perdón por las cosas que empañan el pasado. Adaptarme a que la desconfianza no lleva a ninguna parte. Y que aunque no cambie de la noche a la mañana, aceptar que hay personas que han vuelto para mejorarlo todo, aceptar y dejarles entrar.

Adaptarme a que las corazas a veces no son buenas y adaptarme a que la mía se ha roto. Y que las cosas están saliendo, puede que demasiado deprisa.

Adaptarme. Eso, aceptarme y cuidarme. Que últimamente no lo hecho demasiado bien. Pero bueno, aprender se me da bien.

martes, 25 de diciembre de 2012

Aprendiendo a escribir Alzheimer

Probablemente te cueste trabajo acordarte de mi, pero no pasa nada, no me importa hacer el esfuerzo por ti.

Soy tu nieta, Uxue, y para mi has sido (eres) como un padre. Tengo 21 años y estudio en Guipuzkoa, te encanta y siempre  que te hablo sobre eso, lo único que te preocupa es a ver si los autobuses llegan hasta allí. Y la respuesta es sí, si que llegan. Pero no pasa nada, no me importa que te preocupe siempre.

Solo quiero decirte lo mucho que significas para mi. Que tu recuerdo está repartido por todos los momentos malos por los que paso mi infancia. Que agradezco enormemente todas y cada una de tus palabras, sobre todo las que me ayudaron a crecer.

Quiero decirte que te quiero. Te quiero las veces que necesites y tantas como seas capaz de recordar. Nunca te faltará un te quiero de mi boca. Ahora que te cuesta, cada vez más, acordarte de quien soy, quiero decirte que no voy a dejar que tus recuerdos desaparezcan, que por mucho que pesen 85 años, los llevaré encima, para que no te pierdas.

No pasa nada, se que no sabes de lo que hablo, pero en el fondo  se que lo sabes así que no te extrañe nada todo esto.

Me cuesta escribirte y no parecer desesperada, pero lo estoy, un poco. Veo como poco a poco te vas apagando y no puedo hacer nada. Nada porque es algo que tiene que pasar. No me gusta pensar en ti de esta manera, pero ver como te alejas... tengo la necesidad de recordarte quien soy y porque estoy aquí.

Que te quiero. Que has sido, ERES, una persona que no ha juzgado ninguna de las cosas que he hecho, que has aceptado por entero como soy y has actuado en consecuencia. Porque me has dado un lugar en el que nadie podía echarme y nunca me has abandonado.

Probablemente ya no te acuerdas de lo anterior pero yo me acordaré por ti.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Vida




Cada día se está haciendo más pequeñita, va a desaparecer y se la va a llevar el viento...

viernes, 7 de diciembre de 2012

Iniciativas y pasos adelante


No pretendo que sea algo bien escrito, ni que os guste. Hoy no. Hoy sólo quiero hablar conmigo en silencio de una cosa que me he permitido el lujo de no contar a nadie, por no aburrir, así que lo escribo, pienso, reflexiono y si os interesa, bien. Si no me suda un pie.

Yo no quería acabar sin ni siquiera poder despedirme o hablar las cosas cara a cara. No quería. Sabía que algo iba a pasar, porque es obvio que, muchas cosas han cambiado, y nada iba a ser como era antes (que en parte no es algo malo), pero ¿acabar así? ¿Después de casi cinco años? O lo que es peor  ¿acabar? ¿En serio?

Nunca he llegado a entenderte, pero eso me fascina. En mi ineptitud por entender las cosas que hacías, siempre me preguntaba cómo, al final, el daño pasaba a ser algo sano que acababa por unirnos todavía más. Yo sólo sé que me venías bien. Y ahora ya ni me vienes porque has decidido que yo decida que prefiero a otras personas antes que a ti.

Pero no puedo evitarlo, hay personas que antes no estaban y ahora están y me vienen bien y las necesito y separarme de ellas me dolería infinitamente, igual de lo que me duele que hayas decidido mandar todo a la mierda. Y por eso he elegido, y he sido yo. Y no te he elegido a ti y créeme que es una de las putas peores decisiones de mi vida, pero ¿qué? ¿Me aíslo en el infinito para ti? No quiero. Porque sí, hay más personas que necesito a parte de ti. Incluso, a veces, más.

Y que insultes y juzgues a una de ellas me supera. Porque no, no me da la gana de que también decidas como de mal o bien está esa persona y porque hago las cosas que hago por ella y te joda que no las haya hecho por ti. Y no pienso dejar que le hagas daño, igual que no dejaría que ella te lo hiciera a ti. Pero, joder, si la conocieras, sabrías exactamente porque hago las cosas que hago por ella. Y que la utilices para hacerme daño me revienta. Porque ya sé que, en el fondo, te da igual quien sea, pero no, en ese momento y a esa persona en concreto, no.

Así que has decidido que se acaba, sin contar conmigo, porque, en verdad, tenemos muchas cosas de las que hablar y eres una cobarde. Así que yo también decido que se acaba, aunque cada fibra de sensibilidad que me queda hacia ti (que son muchas) me diga que no. Aunque mi subconsciente piense que mi  reciente aversión a la existencia sea más difícil de superar si no estás (o estás pero no nunca más para mí).

Pero, aunque sea una mierda, es lo que hay y si en algo soy experta en aprender a vivir arrastrando mierda hasta que se cae. Así que espero que te caigas de una puta vez y no tener que arrastrarte más.

martes, 4 de diciembre de 2012

No te quiero ver llorar


Ver llorar no es nada fácil. Cuando tengo entre mis brazos a una persona que me importa y siento como llora, como sus lágrimas me caen a la ropa… es uno de los momentos más difíciles. Sentir por entero lo que siente esa persona y que me agarre tan fuerte que me asuste, porque cuando lloro siento como que alguien ha decidido apagar las luces sin pensar que yo me iba a quedar a oscuras. Y estoy sola. Porque se las consecuencias de llorar y no tener la fuerza de alguien que decida abrazarme. Porque intentar ser esa fuerza que haga que no sienta esa tristeza que le ahoga, es tan difícil, que me pregunto si tuve la fuerza suficiente. Pero ese miedo es porque no la tuve para mí. No tuve la fuerza suficiente para mí.

Y creo que en ese momento me inventé fuerzas de la nada. Y fueron todas para esos ojos tristes. Y me hace sentir bien. Me hace sentir bien que alguien sea capaz de sacarme fuerzas de la nada. Y me hace sentir bien que por lo menos no fui el desastre que soy conmigo misma. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

martes, 23 de octubre de 2012

La vida y la muerte son nombres de persona.


Yo creo que todos hemos pensado cosas sobre la muerte. No se cuales, pero seguro que en algún momento de vuestra vida, un pensamiento sobre ella hemos tenido. Da igual en que momento. O en que actitud.
La gente muere día tras día y no hay un solo periódico que no nos inunde con terribles imágenes sobre lo malo de la muerte, sobre su crudeza. Todas las sociedades se han empeñado en buscar lo eterno e inalcanzable de la vida y el tiempo, de ganar la batalla a la muerte. No queremos envejecer, ver arrugas en el rostro nos asusta, ver correr el tiempo tan rápido nos agobia, soñamos con ese Nunca Jamás de Peter Pan. Yo también. A mí la muerte también me asusta.
Sin embargo, hay algo de cariño a ese miedo. Hay algo de cariño a esa muerte. Hay algo de esperanza que brilla cuando llega. Cuando alguien decide tomar a la muerte como compañera de viaje en vez de cómo un enemigo, cuándo alguien abre los ojos y se da cuenta de que la vida le ha dado y quitado todas las cosas que podía, que la muerte, en el fondo va a traer más vida de la que va a quitar, es en ese momento, cuando pienso que aún quedan personas que respetan la vida en su más pura esencia, cogen la mano a la muerte y se alejan con ella. Porque cuando se las lleva, nunca son ausencia, es como un vacío que nos llena, una presencia que aún nos da la vida que creemos perder en ese vacío.
Yo ahora tengo un agujero enorme en el estómago. El mero hecho de pensar que alguien ha decidido irse, morir, con todas consecuencias me alivia y me atormenta a todas horas. Con parte de culpa, de no poder entender ni acompañar esa decisión, de saber que la muerte sabrá darle el alivio que aquí no ha podido encontrar, de saber que yo acabaré cediendo a la tristeza cuando todo esto pase.
Pero me quedará el alivio de saber que esa persona murió eligiendo, el acto de más libertad que existe, poder decidir con todas las consecuencias que eso exige. No puedo elegir otro camino mejor para ella, porque sé que, lo hace tan consciente que es como un regalo. Difícil de asimilar, pero un regalo, para ella y para nosotros.
Puede que sea una manera de intentar aceptar las cosas pero quiero pensar que la oportunidad que nos da ella, es un pensamiento de consolación, quiero pensar que de verdad creo lo que estoy pensando, quizás porque es más bonito o más esperanzador. Pero no es malo, un poco de esperanza nunca es malo. Y saber convertirla en algo que nos permita avanzar es lo mejor que podemos hacer con esos vacíos llenos que tanto nos pesan.
Yo sé que aunque vaya a sentir mucha tristeza y muchas cosas que me van a nublar, el pensamiento está aquí y poco a poco entenderé porque a veces las cosas son como son.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Cosas


  El lunes 30 de marzo de 2011 escribí en mi blog una entrada sobre un ejercicio de comunicación que consistía en escribir 100 cosas sobre nosotros, hoy, un año y pico después, me parece curioso volver a reescribirla.

Soy como esa pieza de un puzle que se ha roto y puede encajar con las demás.

Me gusta mucho el café. Y la cerveza. Pero, probablemente, lo que más me alivia es un buen vaso de ron.

Me gustan los pantalones, los tirantes, las zapatillas y las camisas. Pero no dejo de ser chica por eso, aunque muchos gilipollas digan lo contrario.

Odio discutir.

Me gustan las muestras de afecto: los abrazos y eso. Vengan de chicos o de chicas.

Soy un desastre con las relaciones, aún estoy en el porqué.

Soy demasiado independiente y a la vez muy dependiente. Y eso me preocupa.

Vivo con música. Por la mañana, la tarde, la noche. A todas horas y en todas partes.

Soy dispersa. Me gustan muchas canciones y pocos grupos.

No me molestan las aglomeraciones de gente.

Me adapto a casi cualquier cosa y situación.

Hay veces que las cosas acaban por sobrepasarme.

Me gusta beber, emborracharme y olvidarme de todo.

Sé que quitarle la importancia a los problemas no hace que no sean problemas.

Me gusta la vida nocturna.

Leo mucho, más que antes. El libro que me marcó fue “Hoyos”.

Me quiero mucho y no me cambiaría por nada.

He aprendido que el hogar está donde está el corazón.

Me gusta observarlo todo.

Mi color favorito es el de los albaricoques.

Creo que la humanidad es demasiado egoísta.

El hecho de que llore cuando toco el piano es porque soy gilipollas.

La vía láctea es mi bar.

Me gustarían muchas cosas.

Soy simple.

Me encantan las letras. Y las ciencias.

Existen varias personas que admiro y quiero profundamente.

Mª José Goyache es una de ellas.

Soy parte de lo que otros quieren que sea.

Me gusta mucho el cine gore. Brazos amputados, sangre y esas cosas.

A veces me cuesta decidir por donde quiero que vaya mi vida.

Se tocar los cojones y los ovarios.

Una de las personas que mejor me conocía murió con 16 años.

Nose como se hablan las cosas importantes.

Odio las personas que intentan decidir lo que es bueno o malo para mí.

También odio la decepción.

Odio que haya gente que se crea que está por encima de los demás.

Mi mayor habilidad es haber convertido mi cerebro en un almacén de música.

Normalmente encuentro poca gente con la que hablar de música.

Odiar me parece un sentimiento tremendo. Y da miedo.

La gente no sabe apreciar las cosas. Pues yo, a veces, tampoco.

A veces me encantaría que todo se parara en seco.

Mi familia es complicada e inentendible la mayoría de las veces.

Yo y mi simplicidad tampoco somos fáciles.

El único ser vivo que me fascina son las medusas.

Me siento totalmente vulnerable y desprotegida.

La soledad me produce una cantidad de sentimientos contradictorios unos con otros.

Ni soy de aquí ni de allí. Mi vida es algo nómada.

No me gusta quedarme mucho tiempo en el mismo sitio.

Llevo trabajando desde los 15.

Me gustaría haber tenido alguien que me diera sermones de adolescente.

El vino caliente con canela me parece un gran invento.

Los aviones me dan miedo.

Hago gilipolleces, locuras y estupideces por amistad.

Me gusta ver ciudades.

Me agobian los medios de transporte, prefiero andar.

Me gusta cultivar mi “espíritu crítico”.

Si algo no me gusta, intento cambiarlo.

Quiero lo suficiente a una persona como para no decírselo y perderla del todo.

Me cabrea que haya gente que se indigne a medias.

No tengo una comida favorita. Sólo sé que las espinacas no me gustan.

Me gustan la mayoría de los estilos musicales que existen.

Mi sabor de helado favorito es el de mango.

Nunca he vivido en una ciudad demasiado grande.

Me he acostumbrado a dormirme escuchando el mar.

La realidad es que, casi todas las personas que me importan están lo suficientemente lejos.

Siempre escucho la banda sonora después de ver una película.

Cuando estoy triste sólo se beber y meterme debajo del edredón.

No me arrepiento de las cosas que he hecho.

Odio el dinero y en consecuencia lo que más odio de la vida es que, prácticamente todo, gire en torno a él.

Lo que me cuesta cambiar de mí es que nunca pido cuando necesito. Debería hacerlo.

El amor duele ¿no?

La policía hace tiempo que dejo de producirme miedo.

Me cuesta terminar las cosas que empiezo.

Jack Nicholson es mi actor favorito.

Colecciono botellas de cerveza y zapatillas converse.

El piano me parece un de los instrumentos más bonitos que ha dado el hombre.

Aún no he perdido la fe en la humanidad.

Tengo previsto hacerme un tatuaje. O varios
.
Creo que las personas no saben valorarse lo suficiente.

Me encanta la combinación M. Night Shyamalan y James Newton Howard.

Pasé una noche en la cárcel.

Siempre he querido viajar a América Latina, sobre todo a Perú.

Me gusta el castellano no el español. Y no se habla más del tema.

La gente que relaciona el euskera con ETA debería ser internada.

Me río de los que llevan una máscara de Guy Fawkes y luego reivindican una revolución pacífica.

No creo que ninguna revolución pueda ser pacífica en ninguna de las maneras.

No entiendo muchas cosas.

Suelo ser bastante optimista con todo.

Conozco más de 1000 grupos de música distintos.

En algún momento determinado de mi vida cumpliré eso de raparme la cabeza al cero.

Me gusta mucho mi pelo largo. Y muy largo.

No sé irme pronto a la cama.

Rachel Weisz es una de mis actrices favoritas. La otra es Helen Hunt.

Los detalles y las cosas pequeñas me hacen mucha ilusión. Casi todo me hace ilusión.

Tocar o cantar delante de alguien me cuesta demasiado. Estoy mejorando.

A veces, aunque sean pocas, me infravaloro bastante.

No creo que las despedidas tengan que ser tristes.

Soy feliz y me lo repito continuamente para que no se me olvide.

Me encantaría no tener que crecer, al menos no tan deprisa.

Me gustan los números impares.

Incertidumbre y futuro son sinónimos.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Déjame Entrar

- ¿Eli? ¿Quieres hacer una cosa?
Ella seguía aún mirando al techo.
- ¿El que?
- ¿Quieres… firmar un pacto conmigo?
- Sí.
Si ella hubiera preguntado que cómo, tal vez le hubiera explicado lo que había pensado hacer antes de hacerlo. Pero ella sólo dijo que sí. Que participaba, fuera lo que fuese. Oskar tragó fuerte, cogió la hoja del cuchillo con el filo contra la palma y, cerrando los ojos, lo deslizó por su mano. Un dolor punzante, intenso. Jadeó. ¿Lo he hecho?
Abrió los ojos, abrió la mano. Sí. Se podía ver una fina hendidura en la palma, la sangre manaba despacio; no, como él pensaba, en una estrecha línea, sino como una cinta de perlas, que, mientras las miraba fascinado, se unieron en una línea más gruesa y más desigual.
Eli levantó la cabeza.
- ¿Qué haces?
Oskar tenía aún su mano delante de la cara y mirándosela fijamente dijo:
- Esto es muy sencillo. Eli, no es nada…
Puso su mano sangrante delante de ella. Sus ojos se agrandaron. Eli meneó con fuerza la cabeza mientras se echaba para atrás, alejándose.
- No, Oskar…
- ¿Qué te pasa?
- Oskar, no.
- No duele casi nada.
Eli dejó de echarse para atrás, clavando la vista en la palma de Oskar mientras seguía negando con la cabeza. Éste sujetaba con la otra mano la hoja del cuchillo, se lo tendió con el mango por delante.
- Tú solo tienes que pincharte en el dedo o así. Y luego lo mezclamos. Así sellaremos el pacto.
Eli no tomó el cuchillo. Oskar lo dejo en el suelo entre ellos para poder recoger con la mano buena una gota de sangre que caía de la herida.
- Venga, vamos. ¿No quieres?
- Oskar… no puede ser. Te contagiaría, tú…
- No se nota nada, esto…
Un fantasma se adueño de la cara de Eli, transformándola en algo tan diferente de la chica que él conocía que se olvidó de la gota de sangre que caía de su mano. Parecía como si ahora ella fuera el monstruo que había fingido ser cuando jugaban, y Oskar se echó para atrás al tiempo que el dolor de su mano aumentaba.
- Eli, qué…
Ella se levantó, puso las piernas debajo del cuerpo, estaba a cuatro patas mirando fijamente la mano que sangraba, gateo un paso hacia él. Se detuvo, apretó los dientes y chilló:
- ¡Vete de aquí!
A Oskar se le saltaron las lágrimas de miedo.
- Eli, termina. Deja de jugar. Déjalo.
Eli avanzó otro poco a cuatro patas, se paró de nuevo. Obligó a su cuerpo a bloquearse y, con la cabeza agachada, gritó:
- ¡Vete! Si no, morirás.
Oskar se levantó, reculó un par de pasos. Sus pies tropezaron con la bolsa de las botellas vacías de manera que estás cayeron estrepitosamente. Se apretó contra la pared mientras Eli gateaba hasta la pequeña mancha de sangre que había goteado de su mano.
Cayó otra botella más, rompiéndose contra el cemento, mientras Oskar permanecía arrimado contra la pared y sin quitarle ojo a Eli, que sacaba la lengua y lamía el sucio suelo de cemento en el sitio donde su sangre había caído. Una botella tintineó débilmente y luego se paró. Eli lamía y lamía el suelo. Cuando alzó la cabeza, tenía una mancha gris de suciedad en la punta de la nariz.
- Vete… por favor…vete…
Después, el fantasma se posó de nuevo en su cara, pero antes de que se adueñara totalmente de ella se levantó y echó a correr a lo largo del pasillo del sótano, abrió la puerta de su portal y desapareció.
Oskar se quedó allí con la mano herida bien apretada. La sangre empezaba a manar por entre los dedos. Abrió la mano y miró la herida. Era más profunda de lo que había planeado, pero no era peligroso, creía. La sangre empezaba ya a coagularse. Miró la mancha ahora pálida del suelo. Luego probó a lamer un poco de sangre de la palma de su mano, escupió.

John Ajvide Lindqvist.

viernes, 24 de agosto de 2012

Tomar decisiones y romper puertas


Cuando nos hablan del futuro siempre nos ponen el ejemplo de las puertas: unas se abren, otras se cierran, para acceder a una tienes que cerrar otra, hay algunas que se quedan siempre abiertas, unas que queremos abrir y no podemos y otras que se cierran para siempre. Muchas puertas son enormes, otras demasiado pequeñas, unas son demasiado estrechas y otras lo suficientemente anchas.  Depende únicamente de nosotros el decidir que puertas que queremos cruzar, cuáles no y cuales queremos cerrar para siempre y cuáles queremos tener abiertas para siempre. También podemos llevar y cruzarlas con todo lo que queramos… la carga puede ser ligera o pesada y las personas a las que dejemos cruzar con nosotros podremos quererlas o no, podrán ser un recuerdo o un ahora. El caso es que construimos nuestra vida a través de puertas, nuestra vida va de una decisión a otra y de una puerta a la siguiente, consiste en estar eligiendo continuamente.

¿Y sabéis qué? Ayer rompí una puerta y me quede tan completamente agusto de no tener ni que elegir ni decidir ni responsabilizarme que me he subido en mi ego y me estoy riendo de la humanidad un rato y soy jodidamente feliz.

lunes, 13 de agosto de 2012

Ain't no grave

Es horrible temer el sitio que una vez quisiste. Ver una casa que antes conocías perfectamente y tener miedo de todo lo que hay dentro, no atreverte ni siquiera abrir la puerta. Nunca he sabido lo que es vivir con miedo, tener miedo de volver a casa sola, miedo de encontrar el buzón vacío, a la oscuridad y a la noche. Tener miedo a la gente, siempre he creído que el miedo era cosa de los demás, la gente más vulnerable, nunca lo había sentido así. Hasta que ha ocurrido, y en el fondo, ahora que me ha alcanzado, sé que siempre ha estado ahí, susurrando, bajo la superficie de todo cuanto quiero y se me corta la voz, se me encogen los pulmones y veo caminar a la persona que una vez fui y no paro de preguntarme si volveré a ser esa persona.

martes, 7 de agosto de 2012

Vuelve a ser 8 de Agosto

Llevo todo el año sin pensar en ti, hasta hace poco. Ya no me acuerdo de cosas que solías hacer, no me acuerdo de cómo eras… Supongo que después de tanto tiempo me merezco esta tregua, aunque no sé si es más consuelo empezar a olvidarte que no hacerlo. Me divides. Creo, o una parte de mí quiere creer que olvidar es bueno, aunque otra se agarra a ti como si no hubiera un mañana. Y creo que la última es la parte consciente. Puede que aún no esté preparada para dejar de aferrarme a ti o a tu recuerdo, lo que sea. El caso es que no tengo muchas cosas reales a las que aferrarme y es curioso que un recuerdo tuyo sea más real que muchas otras cosas… No lo sé, puede que haya perdido la cabeza del todo, aparte de que estoy escribiendo una carta a una persona que no puede leerla. Pero bien.

Esta es la típica ocasión en la que me encantaría que me ayudases a buscar la salida, porque sé que está ahí, pero no la veo, y se me acaban los recursos. Y las ganas, las ganas sobre todo. Supongo que la parte que se aferra a ti sigue luchando como tú me decías que debía hacer y puede que por eso entienda ahora a tu madre… que existes dentro de nosotros. Pero mi otra parte está cansada y lo único que quiere es un buen vaso de ron o de tequila todas las noches.

Supongo que las cosas se acabarán arreglando, de una manera u otra habrá una salida, pero seguro que doler, dolerá. O puede que no… me encantaría que no. No sé que harías… tal vez por eso no se que hacer yo.

Supongo muchas cosas. Sin embargo no me creo ninguna de ellas. Llevo tiempo pensando, aunque sea peligroso, que a veces los caminos se separan y que debo seguir el mío, aunque no me gusta ver ese camino tan largo… para hacerlo, no sola, pero si en parte. No lo sé. Si pienso, me enfado y si me enfado hago daño a las paredes y ellas más a mí. Así que tal vez sea mejor no pensar. Aunque, es mentira, porque no puedo no pensar, tengo que hacerlo, septiembre viene y es un mes que me aterroriza. Y aunque sé que el miedo no es malo, tengo mucho.

Yo que sé, creo que a veces deliro un poco, no me lo tengas en cuenta. Ya sabes que yo nunca se como contar las cosas y a veces salen solas… sin avisar. Como ha pasado este último mes, que las cosas han ido creciendo y al final han tenido que salir y no me quejo, sé que es bueno. He mejorado mucho. Te habría gustado verlo.

Son las 23:37 y estoy esperando a que sean las doce para publicar esto en el blog mientras escucho Johnny Cash y su lado más deprimente, para ayudarme más, por supuesto. Pero encuentro cobijo en sus letras. Y no me deprimo, en serio, esa fase se ha pasado, estoy bien, tengo muchas cosas en la cabeza pero se van ordenando o eso creo.

También hay gente que no ha huido. Gente que sí, pero en esas he dejado de pensar (un poco). Y lloro, lloro porque hay personas que se han quedado y de alguna manera, me salvan, no me decepcionan. Me encantaría presentártelas, te caerían bien. Y sé que parte de lo mejor que estoy ahora es porque siempre están encima, me recuerdan a ti,  cuando me decías que no hiciera gilipolleces, en esa adolescencia tan intensa que tuvimos ¿te acuerdas?, aunque no era yo la que hacía estupideces con cosas con las que no debía… Lo siento, escuece un poco todavía.

Así que después de un año no puedo decirte mucho más, solo que el hogar está allí donde está el corazón. Que creo que es lo más bonito que he aprendido sola.

Ya sé que es una mierda de felicitación y lo siento, ahora mismo no tengo nada mejor. Siento, también, necesitar fotos para recordar como eras…

Felicidades por los que hubieran sido tus 21.

domingo, 5 de agosto de 2012

73 años por la libertad

Hace 73 años, en la madrugada del 5 de Agosto de 1939 junto a la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid, a 500 metros de la prisión de Las Ventas, fusilaron a 13 mujeres de entre 18 y 29 años. La mayoría de ellas, militantes del PCE y las JSU. Murieron por defender todo aquello por lo que ahora estamos perdiendo sin luchar.

Después de tanto tiempo, siguen presentes en muchos de nosotros, como ejemplo de lucha y de camino. De aprender que habrá que luchar hasta la muerte por lo que creemos, por nuestra libertad. De saber que se es mucho más libre estando en prisión por haber defendido tus ideales, que viviendo en silencio y siendo cómplice de las barbaridades que se cometen día a día. Que por mucho que pase el tiempo habrá personas que no olviden ni uno de los nombres que lucharon por todo lo que tienen ahora y eso les recordará que ellos, también tienen que defender lo que les dieron.

Debemos seguir luchando, debemos seguir el camino que nos marcaron ellas y todas las personas que murieron defendiéndonos a todos. 

Carmen Barrero Aguado (20 años, modista). Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Detenida el 16 de mayo de 1939.
Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín. Iba al abandonado frente de la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones.
Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista).  Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista. 
Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Detenida el 16 de mayo de 1939.
Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Se afilió a las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su "novio". La detuvieron cosiendo en su casa.
Adelina García Casillas (19 años, activista). Militante de las JSU. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio ordinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.
Elena Gil Olaya (20 años, activista). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.
Virtudes González García (18 años, modista).  En 1936 se afilió a las JSU. Detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.
Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria del radio de Chamartín durante la Guerra. Detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó "¿Es que a mí no me matan?".
Joaquina López Laffite (23 años, secretaria). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada porSeverino Rodríguez (número dos en las JSU). Detenida el 18 de abril de 1939. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio.
Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Detenida el 16 de mayo de 1939.
Victoria Muñoz García (18 años, activista). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939.
Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, sastre). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.

QUE SUS NOMBRES NO SE BORREN DE LA HISTORIA.



jueves, 26 de julio de 2012

21

No se si todavía leéis esto, quiero pensar que sí, porque en este día solo puedo acordarme de vosotros. Y dicen que despertarse es mejor que dormir, aunque duela y cuesta, las cosas son mejor así.

Decidisteis compartir melancolías, 
soledades y fantasmas a la par;
miedos locos tristezas y alegrías
y jurasteis no engañaros nunca más.
Decidisteis vadear el ancho muro
que separa la mentira del perdón
y revolcaros en el olvido hasta borrar
las heridas de una espina envuelta en flor.

Hoy la vida no os sonríe y Dios dirá
si el futuro os depara un buen color,
regalándoos otra oportunidad
de empezar con vuestro pie bueno (ya van...).
Y mil veces más tendréis que recorrer
la vereda más incierta y perdonar...
Mientras no os lluevan piedras os irá mejor que bien.
Ojalá que el sol no os deje de brillar

Y confío en que no olvidéis el infierno
y los motivos que os llevaron allí
y que la vida no os guíe hasta lo negro,
espiral de donde no hay forma de salir.
Y una lágrima es mayor que el mar entero
cuando el viento lleva a lomos la traición
porque la vida se convierte en un invierno
tenebroso para dos...

lunes, 23 de julio de 2012

Compañeros de piso


Hoy escribo acompañada, si funciona, lo seguiremos haciendo.

Al final todos queremos que alguien piense en nosotros cuando el día se acaba. Es lo único que necesitamos, a alguien. Sea lo que sea que haga para que nos sintamos mejor, da igual. Y sea cual sea la relación que tienes con ese alguien. Lo necesitamos. Y estamos empeñados en que no y no, es una mierda, todos necesitamos a alguien. Y si admitiéramos esto cuando tenemos que admitirlo todo sería más fácil.

Uxue

Quisiera muchas cosas…o quería, ahora lo único que tengo es una prima que me quiere y casi toda una familia que nos mira con desaprobación en las fotos de la entrada. Estamos ahí y no estamos. Y la verdadera razón por la que escribo hoy es porque no nos merecemos esto, y no me cansaré de decirlo, aunque nos cueste unos cuantos gritos, lloros y abandonos.

Íñigo

viernes, 20 de julio de 2012

The Sixth Station

A veces, las personas entran a escondidas y nos muerden, y cuando nos damos cuenta, todo revienta y solo nos queda correr con la esperanza de que los pedazos de esa explosión no nos alcancen. El mundo de las personas es una cárcel invisible, solo podemos mentirnos por un tiempo, nos agotamos, temblamos de miedo. Solemos negarlo pero eso no hace que las cosas sean menos reales, antes o después tenemos que salir al mundo, de frente; cuando todo revienta nos espera una oscuridad enorme, ¿pero cómo logras que no te sobrecoja?

martes, 17 de julio de 2012

No invito yo.


Brindo por los tiempos pasados, por mi propia crisis de los 20, mi año perdido...Por el exceso, el olvido, el fracaso y la ceguera.

domingo, 1 de julio de 2012

El desenlace


La enfermera que cuida a mi abuelo llamó por teléfono para decirnos que deberíamos acudir enseguida. "Es urgente", añadió. Veinte minutos más tarde llegamos y ví un montón de personas que ni sabía que eran de mi familia. Fui junto a mi abuelo y le cogí de la mano. Me impresionó mucho el frío de sus dedos y la textura de su piel, como papel de lija. Respiraba agitadamente y tenía una mirada de espanto enmarcada por unas ojeras de vampiro y unas cejas despeinadas.

La enfermera nos recomendaba avisar a una ambulancia. Por la manera de cómo me apretaba la mano, deduje que él prefería no hacerlo. Le pregunté si le dolía algo y me respondió con un movimiento de cabeza de negación rotunda, como si, en ese momento, el dolor fuera lo que menos le preocupaba. Hacía tiempo que el médico nos dijo que el desenlace podía producirse en cualquier momento y que ingresarlo de manera preventiva podría haber empeorado la situación en vez de mejorarla. "Desenlace" es el eufemismo que utilizamos para referirnos a la muerte y, como llevamos tanto tiempo hablando así, ya no me resulta tan ridículo como al principio.

Con las pocas fuerzas que le quedaban, mi abuelo me tiró hacia él y, al oído-y con una voz que parecía salirle del fondo de los pulmones-, me susurró que tenía que decirme algo importante y que por favor, sacara a toda “esa gente” de su cuarto y cerrara la puerta. Todos me miraban con mala cara, pero salieron afuera.
Mi abuelo se incorporó un poco y me pidió agua. Me di cuenta de que tenía unos pelos enormes en las fosas nasales y en las orejas, y el pijama manchado, probablemente de sopa.

-¿Qué se ha dicho siempre de los icebergs?-me preguntó.

Suspiré. Creí que quería hablarme de la muerte o darme un último consejo. No esperaba una nueva elucubración sobre la materia, el espacio o cualquiera de las obsesiones que, desde que dejó de trabajar como taxista, le han mantenido ocupado. Le miré con compasión, sonreí, pero él seguía alterado y esperaba, impacientemente, mi respuesta:

-¿Qué los icebergs sólo muestran una parte de lo que son?-le dije con un tono de alumna aplicada.

-Exacto-respondió.

-Que esconden nueve décimas partes de su volumen-continúe.

-Eso mismo-dijo.

Ignoraba a dónde quería ir a parar.

-¿Y?-le pregunté.

Fue una pregunta retórica, una referencia de complicidad, un homenaje a la manera como, desde siempre, me ha enseñado a pensar. Durante años, cuando le contaba cualquier cosa –de niña, con entusiasmo o inquietud; de adolescente, con pesadumbre o preocupación; de “adulta” con indignación o presionada-, él solía mirarme fijamente y me preguntaba:

-¿Y?

Dependiendo del momento, aquel "¿Y?" impregnado de sabiduría de persona mayor, me resolvía casi todas las dudas. Si la pregunta era llena de miedo, relativizaba los peligros y me decía como debía resistir y no dejarme intimidar por los obstáculos. Si la pregunta era arrogante, me hacía volver a la realidad y darme cuenta de que sólo había descubierto una pequeña parte de la respuesta global, que requería más esfuerzo, más tiempo y más reflexión.

El "¿Y?", era como una clave privada y, en ese momento, pronunciada por mí en esa habitación que olía a cerrado, sonaba como impertinente. Veía a mi abuelo incapaz de captar nuestro pasado y eso me preocupó. La dificultad para respirar y la angustia que me transmitía su mirada me obligaban a tomarme en serio el diálogo que él intentaba llevar hacia un objetivo que yo desconocía.

-Creo que muchos icebergs no se esconden nueve décimas partes y que esto es falso, que lo hemos dado por bueno por pereza, porque nunca nos hemos tomado la molestia de comprobar si todos los icebergs siempre esconden nueve décimas partes de su materia –dijo finalmente.

Sonreí. Por un lado para intentar tranquilizarlo; por otro, para intentar tranquilizarme yo. No sabía que decirle. Creo que le cogía de la mano para ganar tiempo y buscar palabras que, estaba segura, no estarían a la altura de su inquietud. Cuando empecé a encontrarlas, sentí que se crispaba, que la respiración se apagaba y que, de repente, toda la fuerza que procuraba acumular desembocaba en una larga inspiración.
No avisé a la enfermera. Sabía que estaba muerto, aunque actuaba como si todavía fuera un enfermo.

Seguía acariciándole la mano y pude sentir cómo sus dedos, que ya estaban fríos, se enfriaban aún  más. El dolor que sentí en ese instante no tenía nada que ver con ningún dolor anterior. No me podía mover. Me habría gustado avisar a mi madre pero temí que, si abría la boca, iba a vomitar. Me dio la impresión de que debía darle a mi abuelo una impresión tan firme como la que tuvo él cuándo murió mi abuela. Espanté los recuerdos de aquel momento porque sospeché que no iba a ser capaz de resistirlos y que, en ese instante, me convenía acumular fuerzas.

Cuando intenté mover las piernas, no me respondían. A pesar de todo, me incorporé  un poco y, con la ayuda del respaldo de la silla, conseguí ponerme de pie. El dolor continuaba, pero, no se manifestaba exteriormente. Miré a mi abuelo. Los músculos faciales parecían haberse liberado de la de la tensión que los manejaba cuando había llegado. Coincidiendo con el primer sollozo –una exhalación de tristeza que me explotó en la boca-, empecé a pensar que había llegado a tiempo, y este pensamiento inició una larga cola de razonamientos absurdos que intentaban calmar la parte más dura de todo lo que había pasado durante este año.

Mientras lloraba –en ese momento, sin control, con una intensidad que me hizo sentir una vergüenza infinita-, pensé en que era un iceberg a la deriva y que ojalá tuviera nueve décimas partes de materia debajo de mí. 
  

domingo, 17 de junio de 2012

Hasta que el cuerpo aguante.

Como bien nos dijo Extremoduro: salir, beber, el rollo de siempre...Después de casi seis años me miro al espejo y veo como después de tantísimo desfase me sigo agarrando a una botella cuando necesito desahogarme. Sigo creyendo que va a ser ella la que me ayude a superarlo todo.
Sin embargo, cuando me despierto...cuando abro los ojos y un dolor de cabeza me inunda, la sequedad de la boca no me deja hablar... Es aquí cuando me doy cuenta de que no podemos seguir bebiendo y bebiendo, y que los tragos de ayer no solucionan los problemas de hoy, que con casi 21 años, las resacas pesan muchísimo más de lo que pesaban antes. ¿será que cuánto más mayores, más cargas llevamos y más nos pesan al día siguiente? ¿O será que vemos en el alcohol una solución inexistente?
Pero siempre volvemos y siempre tendremos una razón para beber hasta la inconsciencia.
Y ayer volvimos porque perdimos a alguien con el que hemos compartido muchas cosas y momentos de todo tipo...perdimos un ejemplo de superación, perdimos un amigo.
Y ahora, encima, te levantas con una resaca de mil pares de cojones y te das cuenta de que el whisky de ayer no ha hecho otra cosa que joderte todavía más.

viernes, 15 de junio de 2012

Viernes

Ha entrado por la puerta de casa, sonriendo. Con el calor impregnado en la cara y gotas de sudor resbalándole por la frente. Ha gritado entusiasmado, sus ojos daban vueltas y sin embargo miraban fijamente los míos. Sus palabras se entremezclaban, había conseguido su primer título oficial. Después de ir a muchas clases, por fin lo había conseguido. Me ha dado un abrazo y temblando le he devuelto la sonrisa que se merecía. Estoy orgullosa de él. Después de tanto esfuerzo, lo ha conseguido. Pronto ha ido y lo ha dejado en su cuarto, en la mesa, bien colocado, a la vista, para que todos supieran que lo tenía.
No es un niño, pero me asaltó la visión de mi padre jugando como si fuera uno más de todos esos niños que juegan en un parque y viven, y saben que conseguirán, con mucho esfuerzo, pasar las anillas.
Acaba de conseguir su primer título oficial, un curso que empezó cuando se quedo en paro.
Me emocionado. Él también. Cuando nos hemos soltado me ha dicho que esto es lo único que puede darnos. No puede ser el padre que le gustaría ser. No puede traer un sueldo.
Pero puede traernos el esfuerzo que hace por sacarnos adelante. Puede traernos los intentos de aspirar a algo mejor. Puede traernos los sueños. Puede traernos vida.
Para mí es suficiente. Es suficiente ver que todavía le queda ilusión después de todas las ostias que le ha dado la vida. Para mi es un rayo de algo que no se si es esperanza, pero se le parece mucho.



jueves, 14 de junio de 2012

Jueves

Lo mejor de las decisiones es cuando las miras a los ojos, y ellas te miran a ti. Es una sensación rara, te sientes más fuerte y más débil al mismo tiempo. Excitada y aterrada. En realidad no sabes muy bien lo que se siente, excepto el tipo de persona que quieres ser. Es como si hubieras alcanzado lo inalcanzable y no estuvieras preparada para ello.

miércoles, 13 de junio de 2012

Miércoles

Alguien predica delante del pozo. "Quien se tire dentro, será feliz". Los que nos quedamos a escucharlo contenemos la curiosidad con una expresión más de temor que de sorpresa. Pero estamos atentos.
Ese hombre sabe hacerse escuchar, también porque, probablemente, las personas que estamos allí no tenemos nada mejor que hacer. A diferencia de otros pozos, éste se hizo famoso cuándo, apoyado por historias absurdas y baratas, alguien empezó hablar de él como si fuera una atracción. La entrada es gratis, lo único que hace falta es voluntad.
Después de pensar durante varias semanas, decido tirarme. Pero creo justo pagar antes de escuchar decir ese "serás feliz".
Al principio, la intensidad me impide sentir nada especial. Estoy cayendo, eso sí que lo noto, y también siento que el pozo es muy oscuro, y que la abertura desde la que me he tirado se aleja muy rápidamente.
No veo nada en absoluto, la oscuridad se hace cada vez más grande y me atrapa, pero aunque, no pueda probarlo, no estoy sola. Grito. Y vuelvo a gritar.
Nadie me responde, deduzco que todo el mundo grita y que si no los oigo es porque cada uno solo escucha sus propios gritos, solo puede gritar para sí mismo. Caigo. Y caigo todavía más. Parece un pozo sin fondo. Pero cuando me dijeron que me tirara, nadie especificó que sería infinito, sólo dijeron que si lo hacía, sería feliz. Y lo cierto es que, mientras no paro de sumergirme en una niebla todavía más intensa que la de antes -o las de hace meses, o las de hace años, ahora eso no tiene importancia-, acompañada de otras personas que tan sólo intuyo, quizá si soy más feliz de lo que era antes. Pero resulta difícil decirlo porque de antes no me acuerdo, oye.

martes, 12 de junio de 2012

Martes

He escuchado en la radio que si te comes un limón sin hacer muecas, todo lo que desees se cumplirá, pero me da miedo probarlo, hacer muecas y que ningún deseo se haga nunca realidad.

domingo, 3 de junio de 2012

Ni vaginas, ni pechos. Solo mujeres exigiendo sus derechos.


Están todas las noches, salen a vender caricias y fantasías. Para algunas es un trabajo, para otras una condena. Son invisibles para el resto de nosotros, aunque no en apariencia, ahí sí que las vemos. Y las juzgamos y las hacemos invisibles, sus historias no nos importan. Están en el campo minado de nuestra sociedad, la misma que es incapaz de solucionar el verdadero problema. Incapaz no, las necesitan. Son parte de otro negocio más del capital.

Hoy es el día Internacional de las Trabajadoras Sexuales. De las prostitutas, putas, rameras, fulanas, furcias, busconas, zorras… De unas personas. De unas personas que probablemente busquen lo mismo que los demás en la vida, un equilibrio; sobrevivir, al fin y al cabo. Todos los días 2 de junio se recuerda la protesta, en 1975, de 150 prostitutas en la iglesia de Saint Nizier de Lyon en demanda de sus derechos y por la persecución que sufrían. Su movimiento se extendió a toda Francia. Hoy en día las mujeres que se dedican a esta profesión siguen reclamando unos derechos que aún no han llegado.
Muchas de ellas han dejado su casa, su familia, su país porque la situación económica era tal que no tuvieron más remedio. Y vinieron aquí y se convirtieron en esclavas de un mundo que no pueden abandonar.

“Suena horrible” dicen muchos. Lo peor no es la compasión, lo peor es que creemos que el verdadero problema son ellas. Las hemos convertido en la serpiente que dio la manzana a Eva, las hemos convertido en el pecado original. Las hemos convertido en una lacra. Son putas porque quieren, porque se lo merecen. Vamos a mirarlas mal cuando pasen a nuestro lado, vamos a denunciarlas cada vez que las veamos, que se las lleven. Son putas, se lo merecen.

La triste realidad es que muchas de ellas están tan agarradas que no pueden ni respirar. ¿Por qué no se les da voz? ¿Tanto miedo hay a qué hablen? ¿Por qué se las culpa de un problema estructural? En España, el 90% de las prostitutas son víctimas de prostitución forzada. Y seguimos tratando el problema desde ahí, pero la raíz del problema es que la prostitución es un negocio que trae dinero, traer mujeres aquí es rentable, obligarlas a trabajar como prostitutas también es rentable. Son una cifra más. Porque pueden detenerlas a todas, sin embargo las personas que las compran, que las manejan, las explotan, las personas que las condenan siguen libres, recibiendo cantidades insultantes de dinero por destruir la vida de millones de mujeres, entre ellas muchas menores. 

España ni siquiera cumple con las normas mínimas para la trata de blancas, no pasa de las campañas de sensibilización (que no información), sin embargo, trabajadoras sexuales en España siguen denunciando las represalias por parte del sistema: abusos por parte de la policía, violencia en los interrogatorios y multas y encarcelamientos desmedidos. Muchas de ellas son condenadas por delitos cometidos por ser víctimas de la trata de blancas.

España aún no ha reconocido la prostitución legalmente. España está privando de unos derechos laborales a millares de mujeres. España está condenando a la explotación sexual a miles de mujeres. España, junto a más países, todavía emana violencia estructural e institucional en contra de las mujeres, impidiéndoles ser dignas. Porque las que no son libres no pueden ser dignas.

Por eso hoy, 2 de Junio, seguimos sin tener nada que celebrar, es un recordatorio de la lucha que millones de mujeres llevan en sus manos. Un pequeño grito de apoyo para todas las trabajadoras sexuales, por sus derechos, por ellas.


 Un grito en especial para dos trabajadoras sexuales reales que gracias a su experiencia contada en persona pude acabar un trabajo sobre la prostitución en España. Un grito por ellas en especial, por dejarme encontrar dos amigas donde no esperaba encontrarlas, gracias.

 

domingo, 6 de mayo de 2012

Nadie quedará invisible.


Puede que esto sea una carta, unas disculpas o una manera de dar salida a las cosas que ya no puedo callar más.

En el último mes mi vida se desgasta entre la universidad, de voluntaria en la Casa de la Mujer y en un comedor social y un trabajo a tiempo parcial en un centro de niños con parálisis cerebral, más las idas y venidas de un sitio a otro, perdiendo a toda la gente que antes nunca faltaba. Una vida nómada de una ciudad a otra, y de unas personas a otras.

No he visto una cosa más grande que en momentos las personas menos indicadas (socialmente, claro) sepan arreglar. Pensareis que unos niños con parálisis cerebral no tendrán mucho que decirme, pero estáis equivocados, creo de verdad que si los dejaran salir de ese sitio en el nunca se sentirán libres, arreglarían el mundo. O por lo menos esa parte que la humanidad ha perdido, el ayudarnos unos a otros solamente por el hecho de construir un mundo mejor todos juntos, de devolver ese individualismo feroz a las manos de quien nos lo dio. De volver a integrarnos, de volver a donde estábamos antes de acabar así, sin nada a lo que agarrarnos, llevando a la desesperación a millones de personas, que ya no tienen nada que perder.

¿Queremos un mundo así? ¿Somos tan egoístas? La gente no quiere vivir más en un mundo así, la gente prefiere morir, porque parece ser que su muerte es lo único que controlan de sus vidas. Mejor morir, que vivir muertos en una sociedad que poco a poco institucionaliza la desigualdad, mientras nos compra con la televisión, con internet, con la promesa de que dependiendo de la cantidad de cosas que tengas tendrás un mejor nivel de vida. Y se te niegas a entrar en ese modelo de consumismo, también feroz, estás viviendo por encima de tus posibilidades. Porque si te exigen que te amoldes y no lo haces, vives marcado el resto de tus días. Cuánta gente está sufriendo por querer algo mejor que esto, ¿cuántos presos políticos tiene que haber en las cárceles para que nos demos cuenta?

Nose ni cuantas familias veo muchos días en el comedor social, con hijos, hijos pequeños que ya el dinero ni siquiera les da para vivir, mientras gente tiene el lujo de cazar elefantes, romperse la cadera y no esperar ni una hora a ser atendido, mientras hay gente que roba pero nunca va a la cárcel, mientras políticos se suben el sueldo y la gente se asienta en las calles a falta de viviendas accesibles… Mientras se sigue dando una cantidad astronómica y vergonzosa cantidad de dinero a once gilipollas que no saben más que dar patadas a un balón.

Es triste. Tan triste que acaba por afectarme demasiado. Siempre nos dicen que en este tipo de trabajos, el trabajo con personas en desigualdad social, hay que aprender a separarse emocionalmente. Pero creo que es una tarea bastante imposible. No puedo pasar por alto toda la miseria a la que la gente está expuesta, no puedo pasar por alto las lágrimas de todas esas madres que no pueden dar a sus hijos ni una comida caliente al día, unos padres destrozados y frustrados por la búsqueda de un trabajo digno que nunca llegará, gente dada a las drogas, la bebida porque han perdido la esperanza en que el mundo pueda convertirse en otra cosa… Miserias e historias de personas invisibles, historias que nunca saldrán a la luz para no reflejar la vergüenza que tiene vivir en este país. Historias que nadie conocerá, historias, no de vencedores, sino historias de esas que joden conciencias.

A pesar en el desastre emocional que llevo encima, nunca pierdo ese ápice de esperanza que me hace soñar, porque como dijo Ricardo Flores Magón: “El insulto, el presidio y la amenaza de muerte no pueden impedir que el utopista sueñe…”. Da igual cuanto me pesen las cosas, habrá que seguir enfrentándose a este sistema devorador de personas porque sé, o quizás porque sueñe, que podemos vencerlo.

Y vencerlo no por mí, vencerlo por todas estas historias invisibles y por todos los compañeros que murieron intentando construir un mundo mejor en el que el dinero no importa, en el que no existe un estado compuesto por un sistema inaccesible que decide sobre nuestras vidas, una vida en la que no todos tendrán un coche pero sí que podrán aspirar a comprarlo, un mundo donde dejen de existir, de una vez, historias de gente invisible.

Las vías de lucha contra ese sistema serán las que tengan que ser, si hay que coger armas, se cogerán las armas, no hay que vacilar, no tenemos que caer en ese pacifismo patrocinado por las instituciones, que te dice cuando puedes manifestarte o no. No volveremos a caer en cosas como el 15M, que se meten en unos líos burocráticos de la lucha hasta el absurdo. Porque lo importante no es tener ideas, es saberlas llevar a una acción útil. Una idea sin acción no sirve de nada, nunca tendrá capacidad de convertirse en un elemento de transformación política. Sin acción solo quedan ideologías vacías.

Yo estoy cansada, decepcionada y quemada y muchos más adjetivos que ahora mismo no sabría definir. Decepcionada no con la sociedad en general sino con personas en particular. Quemada por seguir en una lucha que por ahora ha dado pocos frutos. Y bien se que son las ansias de cambio las que hablan por mí. Pero no es nada fácil convivir con esto todos los días y no sentir una impotencia que va desde los pies a la cabeza y que va destrozando poco a poco.

Sé que a pesar de todo el negativismo que hay en esta “carta” me quedan muchos motivos para seguir adelante con mi grano de arena, aportando a esta lucha. Solamente por todas las personas que se arriesgan día a día por combatir este sistema de la manera que sea, mediante el periodismo, la música, las acciones pequeñas con colectivos alternativos, el trabajo por crear un frente de contra información…

Daros las gracias porque a pesar de no conoceros a muchos, siento vuestro apoyo, y me alegra que haya gente que todavía mira en la misma dirección que yo.