lunes, 23 de enero de 2012

Es tan gracioso que se me olvida reír.


Seas quien seas, da igual cuáles sean los motivos por los que estés leyendo esto, pero gracias por prestarme un poco de tú tiempo, por intentar comprender lo que digo, aunque luego se te olvide. Gracias por estar cuando te he necesitado, cuando me ha entrado esa gilipollez adolescente que sufro tantas veces, gracias por preguntar si estaba bien, por darme un abrazo por detrás cuando no lo esperaba, por cada emoticono, por cada tuit que me ha hecho reír también por todos y cada uno de los post en Tumblr, por cada canción, por tenerme en cuenta, por hacer planes pensando que voy a estar en ellos, por intentar ayudarme a entender las cosas, por hablar de política, por no hablar, por hablar hasta tarde, por decirme que llorar no es malo, por hacerme ver que a veces, las cosas son mejor como son, que los kilómetros nunc a importan, que es necesario demostrar las cosas, por creer en que puedo superarme, por cada palabra de ánimo escrita, por no ser egoístas, por entenderme, por no entenderme pero apoyarme, por hacerme ver las cosas, por aceptar que mis defectos me hacen “perfecta”, por todas vuestras cartas, llamadas, mensajes, por todos los buenos momentos que ha dado Skype, las cenas, las cervezas, el ya invito yo, por cada señal de vida que me dais… por todas esas cosas que pensáis que no son nada, insignificantes pero que para mí son lo más grande.
Pero, de repente, habéis dejado de hacerlo, se os ha olvidado. Ahora  me trago el orgullo y os lo pido. Os pido, nose, algo. Qué os deis cuenta. 

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