lunes, 5 de marzo de 2012

Mirad que me hacéis escribir.


Es raro cuando hablas con personas con las que hace tiempo que no hablabas.  En realidad siempre las tienes presentes, porque son personas con las que has compartido cosas tan fuertes que son imposibles de olvidar tan fácilmente.  Puede que lleves  mucho tiempo sin verlas, pero sin embargo, un comentario, un mensaje y se te pone una sonrisa que no cabe en ningún sitio. Te pones a ver fotos suyas, empiezas a recordar y piensas en el tiempo que ha pasado, ¿qué ha sido de todo aquello? ¿En qué momento nos separamos tanto? Y sin embargo ¿cómo seguimos tan unidas? Es una sensación tan bipolar que no la entiendo en absoluto.
Son personas que echo de menos tanto que me acaba doliendo. Pero si duele es porque todavía hay algo que nos une y eso es bueno elevado a infinito, porque, aunque en el momento no lo sepa, siempre acabo necesitando de ellas, aunque sea un poco.
No llego a entender que las personas que más me han marcado sean las que están más lejos. Bueno ni siquiera tan lejos, casi todas no están a más de tres horas de mí ahora mismo, pero a la vez parece un abismo enorme el que nos separa. Y la solución es fácil, es coger un autobús y plantarme allí. Pero, lo cierto, es que ninguna lo hace. Y la razón sigo sin encontrarla. Por eso creo que, tal vez, debería dejar de buscar esa razón y plantarme y verlas. Y contarles las mil cosas que tengo que contarles. Y darles el abrazo que tengo guardado para ellas. Y creo que con eso sería suficiente.
Y me da igual que haya horas y kilómetros entre nosotras, porque existe algo mucho más fuerte, el cariño, la emoción, los recuerdos, la risa, las palabras que no se borran, las canciones, las borracheras, las fotos que las recuerdan… Y eso es tan fuerte que es imposible que unas horas, que unos kilómetros puedan hacer que nos olvidemos. Es imposible.




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