domingo, 3 de junio de 2012

Ni vaginas, ni pechos. Solo mujeres exigiendo sus derechos.


Están todas las noches, salen a vender caricias y fantasías. Para algunas es un trabajo, para otras una condena. Son invisibles para el resto de nosotros, aunque no en apariencia, ahí sí que las vemos. Y las juzgamos y las hacemos invisibles, sus historias no nos importan. Están en el campo minado de nuestra sociedad, la misma que es incapaz de solucionar el verdadero problema. Incapaz no, las necesitan. Son parte de otro negocio más del capital.

Hoy es el día Internacional de las Trabajadoras Sexuales. De las prostitutas, putas, rameras, fulanas, furcias, busconas, zorras… De unas personas. De unas personas que probablemente busquen lo mismo que los demás en la vida, un equilibrio; sobrevivir, al fin y al cabo. Todos los días 2 de junio se recuerda la protesta, en 1975, de 150 prostitutas en la iglesia de Saint Nizier de Lyon en demanda de sus derechos y por la persecución que sufrían. Su movimiento se extendió a toda Francia. Hoy en día las mujeres que se dedican a esta profesión siguen reclamando unos derechos que aún no han llegado.
Muchas de ellas han dejado su casa, su familia, su país porque la situación económica era tal que no tuvieron más remedio. Y vinieron aquí y se convirtieron en esclavas de un mundo que no pueden abandonar.

“Suena horrible” dicen muchos. Lo peor no es la compasión, lo peor es que creemos que el verdadero problema son ellas. Las hemos convertido en la serpiente que dio la manzana a Eva, las hemos convertido en el pecado original. Las hemos convertido en una lacra. Son putas porque quieren, porque se lo merecen. Vamos a mirarlas mal cuando pasen a nuestro lado, vamos a denunciarlas cada vez que las veamos, que se las lleven. Son putas, se lo merecen.

La triste realidad es que muchas de ellas están tan agarradas que no pueden ni respirar. ¿Por qué no se les da voz? ¿Tanto miedo hay a qué hablen? ¿Por qué se las culpa de un problema estructural? En España, el 90% de las prostitutas son víctimas de prostitución forzada. Y seguimos tratando el problema desde ahí, pero la raíz del problema es que la prostitución es un negocio que trae dinero, traer mujeres aquí es rentable, obligarlas a trabajar como prostitutas también es rentable. Son una cifra más. Porque pueden detenerlas a todas, sin embargo las personas que las compran, que las manejan, las explotan, las personas que las condenan siguen libres, recibiendo cantidades insultantes de dinero por destruir la vida de millones de mujeres, entre ellas muchas menores. 

España ni siquiera cumple con las normas mínimas para la trata de blancas, no pasa de las campañas de sensibilización (que no información), sin embargo, trabajadoras sexuales en España siguen denunciando las represalias por parte del sistema: abusos por parte de la policía, violencia en los interrogatorios y multas y encarcelamientos desmedidos. Muchas de ellas son condenadas por delitos cometidos por ser víctimas de la trata de blancas.

España aún no ha reconocido la prostitución legalmente. España está privando de unos derechos laborales a millares de mujeres. España está condenando a la explotación sexual a miles de mujeres. España, junto a más países, todavía emana violencia estructural e institucional en contra de las mujeres, impidiéndoles ser dignas. Porque las que no son libres no pueden ser dignas.

Por eso hoy, 2 de Junio, seguimos sin tener nada que celebrar, es un recordatorio de la lucha que millones de mujeres llevan en sus manos. Un pequeño grito de apoyo para todas las trabajadoras sexuales, por sus derechos, por ellas.


 Un grito en especial para dos trabajadoras sexuales reales que gracias a su experiencia contada en persona pude acabar un trabajo sobre la prostitución en España. Un grito por ellas en especial, por dejarme encontrar dos amigas donde no esperaba encontrarlas, gracias.

 

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