martes, 7 de agosto de 2012

Vuelve a ser 8 de Agosto

Llevo todo el año sin pensar en ti, hasta hace poco. Ya no me acuerdo de cosas que solías hacer, no me acuerdo de cómo eras… Supongo que después de tanto tiempo me merezco esta tregua, aunque no sé si es más consuelo empezar a olvidarte que no hacerlo. Me divides. Creo, o una parte de mí quiere creer que olvidar es bueno, aunque otra se agarra a ti como si no hubiera un mañana. Y creo que la última es la parte consciente. Puede que aún no esté preparada para dejar de aferrarme a ti o a tu recuerdo, lo que sea. El caso es que no tengo muchas cosas reales a las que aferrarme y es curioso que un recuerdo tuyo sea más real que muchas otras cosas… No lo sé, puede que haya perdido la cabeza del todo, aparte de que estoy escribiendo una carta a una persona que no puede leerla. Pero bien.

Esta es la típica ocasión en la que me encantaría que me ayudases a buscar la salida, porque sé que está ahí, pero no la veo, y se me acaban los recursos. Y las ganas, las ganas sobre todo. Supongo que la parte que se aferra a ti sigue luchando como tú me decías que debía hacer y puede que por eso entienda ahora a tu madre… que existes dentro de nosotros. Pero mi otra parte está cansada y lo único que quiere es un buen vaso de ron o de tequila todas las noches.

Supongo que las cosas se acabarán arreglando, de una manera u otra habrá una salida, pero seguro que doler, dolerá. O puede que no… me encantaría que no. No sé que harías… tal vez por eso no se que hacer yo.

Supongo muchas cosas. Sin embargo no me creo ninguna de ellas. Llevo tiempo pensando, aunque sea peligroso, que a veces los caminos se separan y que debo seguir el mío, aunque no me gusta ver ese camino tan largo… para hacerlo, no sola, pero si en parte. No lo sé. Si pienso, me enfado y si me enfado hago daño a las paredes y ellas más a mí. Así que tal vez sea mejor no pensar. Aunque, es mentira, porque no puedo no pensar, tengo que hacerlo, septiembre viene y es un mes que me aterroriza. Y aunque sé que el miedo no es malo, tengo mucho.

Yo que sé, creo que a veces deliro un poco, no me lo tengas en cuenta. Ya sabes que yo nunca se como contar las cosas y a veces salen solas… sin avisar. Como ha pasado este último mes, que las cosas han ido creciendo y al final han tenido que salir y no me quejo, sé que es bueno. He mejorado mucho. Te habría gustado verlo.

Son las 23:37 y estoy esperando a que sean las doce para publicar esto en el blog mientras escucho Johnny Cash y su lado más deprimente, para ayudarme más, por supuesto. Pero encuentro cobijo en sus letras. Y no me deprimo, en serio, esa fase se ha pasado, estoy bien, tengo muchas cosas en la cabeza pero se van ordenando o eso creo.

También hay gente que no ha huido. Gente que sí, pero en esas he dejado de pensar (un poco). Y lloro, lloro porque hay personas que se han quedado y de alguna manera, me salvan, no me decepcionan. Me encantaría presentártelas, te caerían bien. Y sé que parte de lo mejor que estoy ahora es porque siempre están encima, me recuerdan a ti,  cuando me decías que no hiciera gilipolleces, en esa adolescencia tan intensa que tuvimos ¿te acuerdas?, aunque no era yo la que hacía estupideces con cosas con las que no debía… Lo siento, escuece un poco todavía.

Así que después de un año no puedo decirte mucho más, solo que el hogar está allí donde está el corazón. Que creo que es lo más bonito que he aprendido sola.

Ya sé que es una mierda de felicitación y lo siento, ahora mismo no tengo nada mejor. Siento, también, necesitar fotos para recordar como eras…

Felicidades por los que hubieran sido tus 21.

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