sábado, 23 de marzo de 2013

Utopías que merecen ser defendidas


Ayer me llamó una amiga (que la llamaremos Arte, porque es arte y porque he prometido no decir su nombre) muy agitada, muy nerviosa, casi sin voz. Me dijo que no podía contactar con ninguna de sus amigas y que necesitaba hablar una cosa. Estuvo un rato en silencio, supongo que pensando cómo iba a decirme lo que tenía que decirme. Cogió aire, suspiró, volvió a coger aire y me dijo: Ha llegado una orden de desahucio a mi casa.

Arte es una persona con la que comparto muchas cosas desde que la conozco, sobre todo, somos compañeras de lucha, de ideología y de maneras de hacer. Es de las pocas personas que no me llaman tonta cuando me da por llorar por las barbaries que día a día tengo que ver, escuchar y leer en las noticias. Arte, la conozco de hace relativamente poco y hay muchas cosas que no se de ella, pero me juego mi dignidad a que no se merece esto.

Su familia, obrera, sus padres, militantes tiempo atrás del PCE y muy comprometidos con la lucha por los presos políticos. En paro, con dos hijos, contando con ayuda de un comedor social y su familia, tiran hacia adelante como pueden. Ha sido, en parte por ellos, por conocerlos, por los que me animé a meterme en esto de ser un poco roja y coger la manía de luchar por mis derechos.

Arte es fuerte, hasta hace una semana no conocía la situación de su familia, y creo que por cómo es, poca gente más lo sabe. Es dura, sabe mantenerse en pie y sé que luchará hasta el final. Pero se merece una tregua, la lucha duele, la lucha quema. Y cuando esa lucha no consigue, ni siquiera, sacar a tu familia adelante, consume.

Desde aquí, desde un blog que leen 11 personas pido compromiso, pido lucha, pido solidaridad, pido que tengáis dignidad. Porque como Arte hay millones y millones de personas, que se están quedando sin nada, sin opciones, se están quedando sin vida. Y es en nuestras manos dónde está la responsabilidad de recuperar esa vida.
Ya está bien de luchas absurdas, y de dar palmaditas en la espalda pensando que con eso basta. Cada día tengo más claro que la gente no mueve un dedo, sea por la razón que sea, no merece ni un ápice de mi respeto ni de mi tiempo. Y basta de las revoluciones a medias, de las huelgas de un día y a las seis ya estoy en casa para ver la tele. Ya vale. Porque no vale. A Arte y todas las personas que están como ella y en situaciones peores eso no les sirve.

Cada uno es responsable de lo que hace y de lo que no hace, pero espero que se derrumben esos mundos que habéis construido para no afrontar vuestras obligaciones con vuestros iguales. Que se derrumben y os den en toda la cara.

Si conocierais a Arte se os romperían los esquemas, quiero ver más Artes por la calle, a limpio grito, luchando por lo que cree justo. Arriesgando el bienestar y el equilibrio de su familia, con la dignidad por delante y sin venderse. Eso nunca, sus padres le han enseñado bien. Sus padres son un ejemplo de esos que deberían recorrer continentes. Nunca se han dejado pisotear porque “prefiero pasar hambre antes de dejarme explotar en un trabajo durante doce horas diarias”, palabras de su madre.

A mí se me llenan los ojos de orgullo de poder conocer personas que no creen en utopías, sino que las defienden y están dispuestos a morir por ellas.

Hoy, por todos aquellos que luchan, por todos aquellos que les han dejado sin nada que perder. Pero hoy, hoy sobre todo por Arte, una amiga y un ejemplo para mí.

Venceremos.


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