viernes, 23 de agosto de 2013

Feminista invisible

Va a hacer un año ya desde que me hice interina de la Casa de las Mujeres, aunque tiene muchos nombres porque no es una organización consolidada, solo somos un grupo de mujeres con ganas de hacer lucha, pero ese nombre es el propicio, ya que dentro de esa casa se encuentra mi familia, mis feminazis, a las que quiero y admiro. Dentro de esa caótica casa, existe una costumbre que se llama "feminista invisible" y que consiste en escribir unas palabras para la persona que te ha tocado. Un regalo precioso.
Los regalos se entregan en mano, pero como en verano vivo en la distancia y no puedo ir todo lo que me gustaría, mi feminista invisible se ha molestado en mandarme sus palabras. Me han emocionado tanto que las he tenido que transcribir, solamente para devolver la inmensidad del cariño que he sentido cuando la he leído... Así da gusto ser feminista.

La conocí con el pelo muy largo, muy rizado y muy bonito, como toda ella, preciosa. No voy a entrar a juzgar su aspecto físico, pero que me metan un clavo ardiendo por la vagina si no es una de las personas, que por dentro, es de las más preciosas que he conocido.

Recuerdo perfectamente el día que puso su primer pie en nuestra casa (Emakumeen Etxea, por si quedaba alguna duda), con una sonrisa medio tímida medio provocadora al mismo tiempo, la mirada perdida, pero con los pies muy firmes a pesar de pisar un terreno pantanoso y desconocido. Por aquel entonces yo me dedicaba a atender el mostrador, y recuerdo que no pude analizarla, desprendía un aire que despertó mi interés y mi curiosidad, y me quedé mirándola un buen rato mientras se dedicaba a leer y mirar muchos de los folletos y revistas que tenemos a la entrada. Después de unos minutos, me dijo “quiero ayudaros a sacar esta lucha adelante”, nunca olvidaré esas palabras.

Nos revolucionó a todas, nuestra media de edad era de 25 años, y ella llegó con sus 21 recién cumplidos y un discurso tan radical  que ojalá hubiera tenido yo a su edad. Nos recordó porque estábamos ahí y porque queríamos luchar, y más que un soplo de aire fresco, fue una patada en la boca que nos despertó del letargo al que a veces nos sometemos las feministas en nuestra incapacidad de abarcar todo lo que nos gustaría.

 Poco a poco paso a ser una de nosotras, nos contó su historia, sus miedos, todo aquello que le oprimía el pecho y todas las decisiones que le habían llevado hasta ahí. Esas conversaciones hasta altas horas de la noche, tiradas en la concha, con un montón de cerveza, las recuerdo, cuando nos contó la parte más dura de su vida, su espina clavada (esa que tenemos todxs) y nos dejó ver parte de su corazón. Algo que agradezco enormemente, ya que no es algo que abunde demasiado en ella. Todos esos muros, todas esas batallas internas que tiene, a las que no nos deja entrar.

Mi palabra preferida para referirme a ella es compromiso, creo que es su segundo nombre. Aunque, neska, a veces demasiado. Todas esas crisis feministas, toda esa frustración, toda esa rabia que acumulas, tienes que aprender a manejarlas, date un espacio para liberarte, porque la lucha tiene muchos efectos letales. Entiende que todo va a ir muy despacio, no seas impaciente. Y reina, estamos aquí para ayudarte, somos tu familia, exprésate, eres libre.  

A día de hoy, puedo decir, que al igual que yo a ella, he pasado un año inigualable, lleno de feminismo liberador, compañerismo, alcohol, muchos debates y mucho amor. Este nuevo año se presenta mejor, se presenta difícil y duro. Pero seguiremos en la brecha, y por supuesto que Uxue, mi compañera, mi amiga, mi familia, seguirá en ese precipicio.

Me encantaría contestarle pero las normas son las normas (y más cuando las dice una feminista), así que dejo esa respuesta contenida en nuestra primera foto, de precarias, feministas precarias y borrachas. Ane, eres un ejemplo para mi.





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