jueves, 3 de octubre de 2013

AMOR ROMÁNTICO, PRÁCTICAS AFECTIVO-SEXUALES Y VIOLENCIA DE GÉNERO

Hace pocos días tuve la oportunidad de acudir a un seminario sobre el amor romántico, de cómo el amor se construye a raíz de unos valores ensalzados por la sociedad patriarcal y las consecuencias que produce esa construcción en la mentalidad de la gente, en su visión de cómo tiene que ser el amor.

Nos hablaron de dos puntos clave para la construcción de un amor influenciado por la cultura patriarcal: el sentimiento de pertenencia (o posesión) y la necesidad. La pertenencia o la posesión, son conceptos básicos, sentir que la otra persona te pertenece, que es tuya, como las extremidades de tu cuerpo son tuyas y no de otra persona; y el sentimiento de necesitar de la otra persona, de depender, de pensar que tu vida está incompleta si esa persona no está en tu vida.

El modelo cultural de amor romántico implica una renuncia personal, un olvido de quiénes somos y una entrega total que potencia comportamientos de dependencia y sumisión. Esta idea se ha ido transmitiendo a través de la historia, generación tras generación, posiblemente mostrando algunos rasgos de “evolución”, pero en el fondo, la idea sigue siendo la misma: la dominación.

Actualmente, cuando hablamos de dominación, debemos de tener claro que la dominación que existe, de manera generalizada, nace del constructo social y de la idea de que los hombres están por encima de las mujeres. Este modelo de dominación se representa a través de la violencia estructural contra todo aquello que nace propiamente de los cuerpos mujer. Rasgos, actitudes, lenguaje (verbal y corporal)… todo esto está expuesto al exterior, y es el patriarcado quien  mira, juzga y agrede violentamente. El amor romántico es, en este sentido, un ideal mitificado por la cultura, pero como vemos, con una gran carga machista, individualista, y egoísta.

A través del amor romántico se nos enseña a relacionarnos, a reprimir nuestra sexualidad y orientarla hacia una sola persona. A través de las ficciones que creamos, aprendemos cómo debe de ser un hombre, y como debe de ser una mujer, y se crean modelos de masculinidad y feminidad, así como actitudes relacionales. Estas actitudes relacionales se basan en muchos factores históricos, sociales, políticos y económicos, que reproducen muchas actitudes machistas.

Lejos de presentar una perspectiva que otorgue a la mujer una posición de completa subordinación a las estructuras sociales, las ideologías patriarcales y los hombres, no significa que no podamos empoderar nuestra autonomía en este mundo amorcéntrico, y podamos decidir cuándo enamorarnos, de quién, y cómo queremos que esa relación funcione. Pero, por desgracia, el machismo sigue inherente entre nuestras prácticas afectivas y, además, con grandes herramientas que lo mantienen, como, por ejemplo, los medios de comunicación.

Es evidente que los medios se sirven de los estereotipos sexistas para perpetuar la dominación y establecer unos roles de pareja que responden, a su vez, a unos intereses económicos y políticos. Un  ejemplo claro de ello es la cultura de las princesas y los príncipes (como digo yo) y, en consecuencia, producciones cinematográficas o programas de televisión exclusivos para mujeres. Y ahí, de una forma sutil, simbólica (a veces no tanto) nos inculcan dentro de nosotras el prototipo de mujeres que parecen representar la liberación de la mujer en todos los sentidos, concretamente en el afectivo-sexual, que es al que casi el 100% estamos ligadas. Porque parece que las mujeres no podemos pensar en otra cosa que en enamorarnos.

Todo esto me recuerda a esa frase que dijo Kate Millet, “lo personal es político”, no podemos obviar el hecho de que todas estas reproducciones sobre estereotipos relacionales que recaen en el hombre y la mujer, hacen un efecto directo en las relaciones sociales, y sobre todo, en las de pareja. Por eso no es cierto eso de que las relaciones son privadas, no cuando vemos signos de violencia patriarcal en ellas. Como feminista y radical no puedo obviar las actitudes machistas en las parejas y dejarlas pasar. No es un ámbito privado, ni personal, es un frente, es política.

Estos roles, los papeles que el hombre y la mujer han ido adquiriendo durante el curso de la historia, se han ido afianzando poco a poco, y a pesar que la mujer ha avanzado ligeramente en algunas facetas, no podemos, ni mucho menos, decir que el machismo está en vías de desaparecer. En este sentido, las actitudes sociales se traspasan al ámbito relacional, a la relación en las familias, de amistad y de pareja, sutilmente, sin que nos demos cuenta.

Estas son solo unas pocas ideas sobre las manifestaciones machistas encontradas en el amor romántico heteropatriarcal, pero, como radicales, no podemos dejar pasar por alto su relación, no son ideas aisladas, todas nacen de un mismo lugar. Con prácticas amorosas con esquemas de tinte machista como ese inevitable “sufrir por amor” y mitos que las caracterizan como eternas, por encima de la razón y producto del "destino", una relación de violencia fácilmente puede estar encubierta.

Y cuántas cosas hemos visto hacer en nombre del amor… Perdonar lo imperdonable, aguantar lo inaguantable, mentirse a unx mismx...Si tuviéramos una sociedad preocupada por la necesidad, cada día más, del feminismo, y en consecuencia, de la lucha contra la sociedad patriarcal, ninguna persona comenzaría una relación sabiendo las consecuencias que se producen sobre las personas que la sufren.

Todo esto tiene un fin, un resultado, que se llama maltrato. El esquema de las relaciones de sumisión y dependencia acaban en maltrato físico, psicológico o ambos por igual. Una conducta de superioridad siempre tiene que alimentarse más y más, los maltratadores viven por y para ese esquema de amor romántico. Incluso los asesinatos por violencia de género son una consecuencia de esos esquemas de amor romántico, al igual que los suicidios de los maltratadores. El sentido de la vida de estos agresores era dominar a una mujer. La ideología de dominación que origina y mantiene la violencia machista hacia la mujer también explica el suicidio de los agresores. Asesinan por machismo y se suicidan por él.


Esta imagen es un resumen visual bastante bueno sobre la progresión del maltrato.


Tenemos que convencernos que ningún acto de violencia es fortuito, no es un hecho aislado, ni pasa por alguna causa externa. No nos dejemos engañar, no nos despreocupemos, no lo justifiquemos, la violencia machista siempre se ejerce por voluntad propia. La violencia de género es el heteropatriarcado, el sexismo, el machismo por excelencia. 

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