domingo, 23 de marzo de 2014

Pánico

Abro la boca. La abro tanto que incluso me crujen las mandíbulas. Ordeno a los pulmones que cojan aire, ahora, necesito aire, lo necesito ahora. Pero mis vías respiratorias me ignoran. Se colapsan, se estrechan, se aprietan, y de repente dejo de encontrarme. La boca se cierra y frunzo los labios, y lo único que consigo articular es un grito ahogado. Las manos se me agitan y tiemblan. En algún lugar se ha roto una presa y el sudor frío me inunda, empapa mi cuerpo. Quiero gritar. 

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